Una vez al mes, Gunnar cruzaba la calle para tomar el té con el bibliotecario de la Academia. Se enorgullecía; había prometido presentárselo a Lars.
páx 27
La Biblioteca de la Academia era vieja, vieja, repleta de viejos ficheros de madera y de largos cajones correderos; sus anales los despachaban manos humanas, nada que ver con las computadoras.
páx 28
-Debería estar en una biblioteca -dijo-. Debería estar en una caja de seguridad. Debería estar en otra parte, a salvo.
páx 89
La religión se había desecado en las iglesias así como en la oficina de correos, en las escuelas y en la biblioteca pública.
páx 130
-Me ha fabricado un nombre. Me he fabricado un padre. El padre, de las bibliotecas; el nombre , de los diccionarios.
páx 144
Gunnar había cruzado la plaza, pues le tocaba tomar el té, como hacía una vez al mes, con el Bibliotecario de la Academia, [...]
páx 161
El Mesías de Estocolmo; Cynthia Ozick. Montesinos Editor, 1989. Aportado por JMV

No hay comentarios:
Publicar un comentario