martes, 10 de julio de 2018

Eclipse en Malasana. Una Zarzuela Negra

En su extraviado merodear Siniestro encuentra con frecuencia, tiradas por el suelo, hojas de color malva desvaído con poemas manuscritos. El estilo de lo escrito le es vagamente familiar, casi reconocible. Al llegar sin habérselo propuesto, hasta la verja de la Biblioteca Nacional, en el Paseo de Recoletos, se siente impulsado por una primera y desconocida chispa de "voluntad", como si una brocha invisible hubiese aplicado una mano de barniz sobre su alma desportillada.
III. Tercero. Siniestro

Siniestro visita la Biblioteca Nacional. En un sótano de elegancia barroca examina deslumbrado el sinfín de libros que se apretujan en los anaqueles. Las horas vuelan y Siniestro no halla el objeto de su búsqueda, por lo que se decide a tomar un libro al azar.
V. Quinto. Siniestro

Eclipse en Malasaña. Una Zarzuela Negra. Jack Mircala.2010 EDICIONES SINSENTIDO. Aportado por Lola

lunes, 9 de julio de 2018

jueves, 5 de julio de 2018

Veintiún elefantes en el puente de Brooklyn

Cuando oí hablar por primera vez del acontecimiento que narra este libro, apenas podía creerlo. Era cierto que P. T. Barnum había confiado alguna de sus atracciones más apreciadas y queridas al extraordinario, pero recién terminado, puente de Brooklyn? Decidida a conocer hasta el último detalle de la historia, visité museos y bibliotecas, revisé viejos periódicos, examiné documentales, indagué libros antiguos y nuevos, y consulté a expertos. (última páxina)

Veintiún elefantes en el puente de Brooklyn, escrito por April Jones Prince, ilustrado por François Roca, editorial Juventud no 2007. Aportado por Anxo

martes, 3 de julio de 2018

Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado

Cuando llegó la primavera a San Luis, me saqué mi primera tarjeta de socia de la biblioteca y, como Bailey y yo parecíamos ir alejándonos con el crecimiento, pasaba la mayoría de los domingos en ella (sin interrupciones) empapándome con el mundo de los muchachos limpiabotas e indigentes que a base de de bondad y perseverancia llegaban a hacerse hombres muy ricos y en las fiestas daban cestas de dulces a los pobres. Pax. 98

Un sábado, a finales de la primavera, después de haber hecho nuestras tareas (sin comparación con las de Stamps), Bailey y yo estábamos a punto de salir: él a jugar al béisbol y yo a la bibloteca. Pax. 100

Pensé que, si hablaba en voz alta, podría asustarse y hacerme daño otra vez. Me secó y me entregó las bragas. "Póntelas y vete a la biblioteca. Tu mamá no tardará en volver a casa. Compórtate con naturalidad."
Mientras caminaba por la calle, me sentía las bragas mojadas y las caderas parecían salírseme de los goznes. No podía pasar mucho rato sentada en los duros asientos de la biblioteca (estaban hechos para niños), por lo que fui hasta el descampado en el que Bailey estaba jugando a la pelota, pero no lo encontré. Pax. 102


Pasé el día vagando sin rumbo por las calles luminosas. Los ruidosos salones recreativos, con sus pandillas de marineros y niños, carcajadas y juegos de azar, resultaban tentadores, pero, después de entrar en cada uno de ellos, me resultó evidente que solo podía ganar más oportunidades y no dinero. Fui a la biblioteca y pasé parte del día leyendo ciencia-ficción y en su lavabo de mármol me cambié la venda. páx. 303
 
 Entonces empecé a abrigar bajo las mantas la pregunta: ¿cómo empezaba el lesbianismo? ¿Cuáles eran sus síntomas? La biblioteca pública daba información -lamentablemente incompleta- sobre la lesbiana ya hecha, pero sobre el desarrollo de una lesbiana no había nada. Eso sí, descubrí que la diferencia entre hermafroditas y lesbianas era la de aquelos lo eran "de nacimiento". Páx. 332

Ni sentía ni me alegraba no tenerlas, pero, para mis adentros, me propuse buscar "ladillas" en mi próxima visita a la biblioteca. Páx. 334

Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado de Maya Angelou, Libros del Asteroide, 2016. Aportado por Anxo

lunes, 2 de julio de 2018

Apegos feroces

¿No podría limitarme a decir que hay que leer Apegos Feroces, de vivian Gornick? ¿Que estoy aquí para insistir en que este libro debe convertirse en bandera en el mundo entero como es bandera en mi mente, una detrás de la cual marcho? Y aun así, sosteniendo esta edición antigua , reparo en que hay ocho críticas positivas, todas bastante elocuentes, todas escritas por mujeres; ¿podría ocurrir que fuera el primer hombre que declara a favor de este libro? (Compruebo una edición anterior que también tengo en mi biblioteca y, evidentemente, no es el caso). Las memorias de Vivian Gornick tienen esa calidad endemoniada, brillante y absoluta que tiende a elevar un libro por encima de su contexto y provoca que sea admirado, con toda justicia, como "atemporal" y "clásico". Prólogo. Por Jonathan Lethem. Pág. 9

Mientras nos acercamos a la biblioteca, un acólito de alguna religión oriental (cabeza rasurada, piel traslúcida, un saco de huesos envuelto en una gasa de un rosa apagado) se nos echa encima con una copia de las escrituras de su gurú extendidas sobre la mano. Mi madre sigue caminando mientras que la criatura envuelta en gasa revolotea a nuestro alrededor, su cantinela un zumbido constante en el aire, reclamando mi atención. Pág. 40

Lo imaginable siempre había resultado problemático. Cuando era una niña, el aspecto de las cosas me invadía: profundo, estrecho, intenso. La mugre de la calle, el aire blanqueado de la farmacia, las vetas del suelo de madera de la biblioteca a pie de calle. Las barras de queso en la nevera de la tienda de alimentación. Me tomaba todo tan en serio, de un modo tan literal. Pág. 125

Y luego estaba todo el tema de los libros. Stefan me había sugerido integrar nuestras bibliotecas y para mi asombro, me oí a mí misma diciendo: "No, quiero tener mis libros separados". Se pusó muy rojo y calló. Vi que le había hecho daño y mi primer impulso fue retractarme de lo que había dicho, pero el impulso no era fuerte y no lo seguí. Los libros del estudio seguían siendo sólo míos, pero ya no obtenía placer al contemplarlos. Pág. 138

Estamos en la biblioteca del Lincoln Center para un concierto un sábado por la tarde. Hemos llegado tarde y todos los sitios están cogidos. Nos quedamos de pie en el salón de actos a oscuras, apoyadas contra la pared. Empiezo a preocuparme. Sé que mi madre no va a aguantar de pie las dos horas y media. Pág. 188

Apegos feroces. Vivian Gornick. Editorial Sexto Piso, S. A. De C.V., 2017. Aportado por Lola.

martes, 26 de junio de 2018

La dulzura

No me hábia fijado en la cantidad de libros nuevos que abarrotaban las estanterías. Les eché un vistazo. Gadea estudiaba a los clásicos. ¿De dónde los sacaría?
Me volví y pregunté:
¿La biblioteca del sanatorio?
Los compro por internet -dijo sacándolse de un bolsillo una tarjeta de crédito. Pág. 27

Los talleres, escogí el de pintura, un paseo, la verdad. El resto de la tarde libre, en el salón comunal o la biblioteca o la cafetería -bebida, bocadillos y tabaco gratis - o los jardines o las canchas de deporte. Pág. 76

Oí la llave en la cerradura. Cogí un libro de Barja de la biblioteca, me senté en el sofá y fingí leerlo. Mamá se plantó en medio del salón. Pág. 172

Me senté a desayunar con Valeska. Café, tostadas y zumo. Pedí una cerveza. Contestó con una negativa. Fijó la atención en el retrato de sus padres, una foto de la biblioteca, de los años sesenta, en blanco y negro, donde se veía a una pareja con una mirada de furia. Pág. 280

La dulzura. Daniel Múgica. Editorial Almuzara, S. L., 2017. Aportado por Lola.

Tránsito

La casa tenía ventanas enormes, continuó, que iban del techo al suelo. En todas las habitaciones -incluso en el baño- el bosque era tan visible que casi tenías la sensación de vivir al aire libre. Había pasado mucho tiempo pensando en la casa y diseñandola. Había sacado libros de arquitectura moderna de la biblioteca del pueblo y los había estudiado. Me gustaría ser arquitecto, añadió, pero... se encogió de hombros con resignación. Pág. 155-156

Lo que pasa -continuó, acercándose más- es que Susie era muy organizada. Lo consultaba todo en libros. Tenían una buena biblioteca. Cada vez que un niño hacía algo, había que esperar a que fuera a consultarlo. Esos libros -añadió- eran una cosa bastante victoriana. Pág. 198

Tránsito. Rachel Cusk. Libros del Asteroide S. L.U., 2017. Aportado por Lola