miércoles, 29 de agosto de 2018

La tercera vírgen

El cura se volvió para señalar la biblioteca que tenía a sus espaldas, así como un grueso libro expuesto en lo alto de un atril, protegido con una vitrina de plexiglás. El vetusto volumen atraía irresistiblemente la atención de Danglar.
La tercera virgen de Fred Vargas, publicado por El país no 2013.Páxina 244. Aportado por Anxo

jueves, 23 de agosto de 2018

Vidas imaxinarias

En 1881, Marcel, con catorce anos, seguindo os pasos de Maurice, vai vivir a París, á casa do seu tío materno León Cahun, que era na ocasión director da Biblioteca Mazarine. En realidade, a casa estaba na Biblioteca e ambas formaban parte do edificio do Instituto de Francia, fronte ao Sena, a Ponte das Artes, e o Louvre. Marcel vivía pois literalmente -e literariamente- nunha biblioteca e pasaba os días lendo marabillado todo o que podía, non só os autores novos e vellos, como Dickens, Defoe, Twain, Poe, Shakespeare e Whitman, senón moitos outros folios, incunables e documentos que lle chamasen a atención.
Páxina 10 (introducción de Xosé Miranda)

Vidas imaxinarias de Marcel Schwob, editado por Aira no 2017. Aportado por Anxo

domingo, 12 de agosto de 2018

El fallo

Él echó por la izquierda de la Avenida de la Independencia, caminando lentamente, y se detuvo en el cruce con la calle de la Biblioteca Nacional. 
páx 105

Dejaría que saliera del Café Deportivo. Sabía que el otro hombre torcería a la izquierda, por la Avenida de la Independencia hasta su cruce con la calle de la Biblioteca Nacional.
páx 119

De acuerdo con la contraseña, él marcharía dos minutos después y lo abordaría en el cruce de la Avenida de la Independencia con la calle de la Biblioteca Nacional...
páx 122

El fallo; Antonis Samarakis. Ed. Seix Barral. 1971. Aportado por JMV

lunes, 6 de agosto de 2018

últimas voluntades del caballero Hawkins

Ella, en cualquier caso, pretendió no prestar atención a mis dudas y sí a las violetas silvestres que salpicaban ambos lados del sendero porque he visto libros en su biblioteca, señor Hawkins, que me hacen pensar, dijo, que conoce usted los nombres de todas las flores, lo que resulta en verdad notable en quien ha sido un hombre de mar.        páx. 76

La cosa pudo haber quedado ahí, pero Lachlann Macleod cometió un segundo error, que fue pensar que la culpa de aquel desorden era de los libros y no suya, y se deshizo del resto de su biblioteca en la tienda de un anticuario que, a su vez, no tardó en vender todo el lote a un comerciante alsaciano que tenía parientes en Escocia.            páx 220

[...] decidí volver a ocuparme de supervisar los trabajos de la construcción de la biblioteca, que yo había descuidado últimamente y que ya estaban casi terminados [...]
[...] como señal de reconocimiento hacia mi persona, un retrato mío debería presidir la sala principal de la biblioteca, idea ésta que me desagradó. [...] añadimos a nuestra carga el retrato que mi lejano huésped holandés había pintado antes de partir y lo dejamos almacenado al fondo de la biblioteca, en espera de que llegara el gran momento de colocar cada cosa en su sitio.
[...] y comprendí que el hombre que golpeaba los cristales acababa de despertarme para pedir por señas que abriéramos la puerta y, casi sin aliento, avisarnos de que debíamos partir hacia el pueblo lo antes posible, pues en la biblioteca se había declarado un incendio [...] el caso era que nuestra biblioteca ardía, y Geoffrey salió corriendo en busca de nuestros caballos y yo le seguí, [...]
Geoffrey desmontó de un salto, cruzó a la carrera el patio que nos separaba de la biblioteca y, despojándose de su casaca y tratando de apartar con ella el humo que le asediaba, entró en el edificio y desapareció de mi vista.
pp. 239-240-241-242

Las últimas voluntades del caballero Hawkins; Jesús del Campo. Ed. Edhasa
2007. Aportado por JMV

lunes, 23 de julio de 2018

El dueño de la herida

Gerardo se ha ocupado de proporcionarme una nutrida biblioteca en castellano. Las novelas no me gustan del todo. Siempre opiné que las novelas estaban para leerlas y no para vivirlas. Pero, a pesar de eso...    

He recogido en la biblioteca, de pasada, un libro de Antonio Gala, La soledad sonora. Lo he abierto al azar y leo: "Ya levantó el verano sus espesos manteles, y el otoño, sin alzar aún la voz, lo está viendo alejarse (...)  páxs. 59, 60 (Luna de miel en otoño)

El dueño de la herida; Antonio Gala. Planeta DeAgostini. 2003. Aportado por JMV

martes, 10 de julio de 2018

Eclipse en Malasana. Una Zarzuela Negra

En su extraviado merodear Siniestro encuentra con frecuencia, tiradas por el suelo, hojas de color malva desvaído con poemas manuscritos. El estilo de lo escrito le es vagamente familiar, casi reconocible. Al llegar sin habérselo propuesto, hasta la verja de la Biblioteca Nacional, en el Paseo de Recoletos, se siente impulsado por una primera y desconocida chispa de "voluntad", como si una brocha invisible hubiese aplicado una mano de barniz sobre su alma desportillada.
III. Tercero. Siniestro

Siniestro visita la Biblioteca Nacional. En un sótano de elegancia barroca examina deslumbrado el sinfín de libros que se apretujan en los anaqueles. Las horas vuelan y Siniestro no halla el objeto de su búsqueda, por lo que se decide a tomar un libro al azar.
V. Quinto. Siniestro

Eclipse en Malasaña. Una Zarzuela Negra. Jack Mircala.2010 EDICIONES SINSENTIDO. Aportado por Lola

lunes, 9 de julio de 2018