lunes, 12 de noviembre de 2018

La mujer del pelo rojo

Fikriye Hanim, la directora de la biblioteca del palacio de Topkapi, fue quien me dijo una sombría tarde de otoño, mientras estábamos sentados charlando en el pabellón de Abdülmecit situado en los grandes jardines palaciegos, que la búsqueda desesperada de un padre implicaba una serie de consecuencias que yo ni siquiera me había planteado.

-La otra noche estaba con mi ayudante viendo una película antigua de Íbrahim Tatlises en el Canal 7 -dijo la directora de la biblioteca-. Era una adptación de la historia de amor de Ardashir y la odalisca Golnar, que aparece en el Shahnameh.

Tratábamos de ir a museos que tuvieran manuscritos iraníes en sus bibliotecas, como la Chester Beatty de Dublín (donde entramos gracias al enchufe de un amigo diplomático) y, al año siguiente, los fondos bibliográficos del Museo Británico (gracias a la intervención de Fikriye Hanim), y en ambos casos saboreamos la felicidad  de contemplar las ilustraciones de sus magníficos ejemplares del Shahnameh.

Cuando salíamos de los pasillos sombríos de aquellas bibliotecas museísticas a las calles de alguna ciudad europea, sentíamos que éramos personas más sabias y profundas simplemente por el hecho de haber podido admirar aquellas ilustraciones.

-La principal autoridad en estos temas es Wittfogel -soltó mi padre en tono tajante-. Tenía su libro por ahí. Ahora que ya nadie lo lee, que se han olvidado de él... ¿Qué diría si se enterara de que en Estambul un viejo de izquierdas tiene en su biblioteca la versión francesa de un libro suyo?

Le hablaba de mis últimas reflexiones, y también de los relatos de Edipo y de Sohrab (ninguno de los dos libros estaba en la biblioteca de la cárcel, pero también había conseguido llevárselos a cambio de un pequeño soborno), ...

En la biblioteca de la cárcel estaba prohibida la literatura política, pero había encontrado obras como el Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne, los cuentos de Edgar Allan Poe, poemarios antiguos y una antología titulada Nuestros sueños, nuestra vida.

La mujer del pelo rojo; Orhan Pamuk. Penguin Randon House Grupo Editorial.2018. Pxs. 168,170, 175, 176, 186, 280, 281.Aportado por JMV

domingo, 28 de octubre de 2018

El Faquir

Nos reunimos en el salón. Era una confortable pieza, con las paredes y el techo de madera, una buena biblioteca, cómodos sillones de piel, lamparillas para la lectura...
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Estábamos los dos solos, casi frente a frente, en el silencioso salón. Mi mirada recorrió la biblioteca.
-Está a su disposición -dijo el coronel, dándose cuenta de ello-. Hay obras en varios idiomas. -Me miró escrutador, pero irradiando hospitalidad-. Algunas de ellas -añadió- son muy antiguas e interesantes. Mi abuelo comenzó a crear esta biblioteca. Páx. 49

-Si no anduviese en busca de respuestas -me aventuré a decir-, no habría leído todos los libros de la biblioteca. Ambos la buscamos. Hay diferencias entre los dos, por supuesto; usted es instintiva, yo, estúpidamente racional. Usted vive la existencia con intensidad, yo no logro vivir más allá de mis ideas. Páx. 61 e 62

Cuando me hube aseado, me dirigí a la biblioteca y empecé a consultar libros. Había distintas versiones de los Vedas y los Upanishads. En cuanto se percató de mi presencia, una de las criadas me sirvió una taza de té. Cogí un libro de poemas de Kabir y comencé a leerlos a media voz. Desde mi juventud, Kabir me había tocado el corazón con sus poemas místicos, anhelantes de amor divino. Páx. 67

-Cuando los ingleses abandonaron la India -me informó-, muchos de ellos vendieron sus bibliotecas. Algunas eran extraordinarias. Y casi todas esas obras se encuentran aquí. Páx. 88

Después de la cena me reuní con el coronel en el salón biblioteca. El anciano tenía entre las manos e Rij Veda.
-Sin duda, sabe que, según dicen, este es el libro más antiguo del mundo. Páx. 92

El Faquir de Ramiro Calle, editado por Martinez Roca no 2016. Aportado por Anxo

miércoles, 24 de octubre de 2018

Las madres negras

Recibe clases de Geografía y se imagina viajando por las líneas azuladas que marcan las fronteras de aquellos mapas tan bien dibujados que la señorita Mhyrtille le muestra en los antiguos atlas de la biblioteca. Pág. 16

No tuvo tiempo de elegir uno de los diez mil volúmenes que engrosaron la biblioteca de la mansión porque se le iban los días y las noches en recorrer pasadizos y encerrarse con llave en magníficas alcobas inexpresivas, en acurrucarse en el rincón más oscuro de aquellos cuartos de altos techos y camas siempre en perfecto estado de revista en las que la reina de paso jamás se acostaba, por miedo a que los fantasmas la sorprendieran profundamente dormida. Larah Corven no tenía tiempo para sentarse a leer un libro y si entraba en la biblioteca era para pulsar el resorte camuflado en uno de los muebles de roble y acceder a la estancia contigua. Pág. 83

Salió en busca de los barreños de agua caliente y los paños que iban a necesitar para adecentar la biblioteca. Regresaba en cuanto podía. Se acercaba de puntillas a la biblioteca muy temprano y así descubrió que en todos los volúmenes aparecían las mismas secuencias repetidas una y otra vez. Pág. 87-88

Porque para Tilda la biblioteca era un camino y un paraíso, un sendero que la llevaba hacia el lugar al que quería dirigirse desde niña, cuando aún no sabía que existía en alguna parte un refugio como aquel en el que nunca acertó a esconderse de Larah Corven. Pág. 88-89

Pero Tilda también fue la guerrera de su biblioteca. Amaba tanto la sombría paz de aquella sala inmensa, el tesoro que albergaba cada hilera de libros, que el día que descubrió, casi por azar, la secreta invasión que estaba sufriendo se apoderó de ella una ira desconocida, como la que seguramente se adueña de los defensores de una causa justa cuando les sale al paso el primer cadáver abandonado en el camino por sus enemigos. Pág. 89

Encontró en él un rastro idéntico, la misma gruta cavada por el pececillo para depositar sus huevos, para vencer con un ejército de los suyos la sabiduría que llevaba tanto tiempo olvidada en aquella biblioteca recién descubierta. Pág. 90-91

A los pececillos les gusta horadar la piel dura de la patata, talar la carne amarillenta de falsa manzana, vivir dentro de ella. Así logró Tilda salvar la biblioteca, disuadiendo a aquel escuadrón casi transparente de habitar en el papel de los libros que se habían convertido en el único amor de su vida. Pág. 91

Fue entonces, en el séptimo día, cuando reparó en la puerta de roble de doble hoja de la biblioteca. Y tembló, porque supo que Dios iba a decirle algo al respecto de sus amados libros. Pág. 111

Las monjas que supieran leer y escribir quedarían al cuidado de la copia de libros piadosos, en los años siguientes, para repoblar las baldas infinitas de la biblioteca del orfanato. Pág. 112

Nadie descubriría adónde había ido a parar la pobre Tilda, que ya no se llamaba Tilda, sino simplemente hermana 2, adónde se había fugado tras el expurgo de su biblioteca. Nadie sabría que estaba entretenida mirando una eternidad de agua oscura, con el rostro cómicamente perplejo que tienen todos los muertos. Pág. 113

Las madres negras. Patricia Esteban Erlés. Galaxia Gutenberg, S. L., 2018. Aportado por Lola o 24 de outubro, día das bibliotecas

lunes, 15 de octubre de 2018

Los cien pájaros

Ayer preparé la lección. Me pasé dos horas en la Biblioteca Municipal consultando libros. Dibujé unos cuadros sinópticos. Escogí lo anecdótico. Lo que creí que podría interesar a esta niña.                páx 38

Recordé los cuentos rusos de Chéjov, aquel delicioso y nostálgico cuento titulado La manzana y, también, una vieja historia de zares que hojeé una tarde en la Biblioteca Pública.        páx 40

Los cien pájaros; Concha Alos. Ediciones G.P. 1969. Aportado por JMV

lunes, 8 de octubre de 2018

Personajes secundarios

El escapista se gira y te mira fijamente. Estás solo. Eres su único público. Houdini toma aire y te habla lentamente, con acento austrohúngaro: "Mi joven ayudante está atrapada. Si quieres condenarla, simplemente cierra el libro, colócalo en una estantería y acabará encerrada en la oscuridad de tu biblioteca para siempre. Si por el contrario, deseas liberarla, lee de nuevo este microrrelato". Pág. 88

Personajes secundarios. Manu Espada. MENOSCUARTO EDICIONES, 2015. Aportado por Lola

jueves, 4 de octubre de 2018

24 de outubro día da biblioteca

El día de la luz
Vengo del desierto del Sáhara, de inaugurar una biblioteca. Está en Dajla, el más alejado, el más olvidado de los cinco campamentos de refugiados saharauis. Es la cuarta biblioteca que construimos, y es preciosa. En el centro hemos plantado árboles, para que los niños y los jóvenes del Sáhara puedan experimentar el gozo de sentarse a su sombra a leer un libro. No queremos que esa biblioteca sea ningún “templo de silencio”, sino más bien un espacio para del sonido, para el ruido. Una biblioteca que ya es el lugar más hermoso del campamento. Un espacio para desear ir a buscar lectura, pero también amistad, sueños compartidos. Incluso amor. Un lugar en el que enamorarse mirando unos ojos por encima de un libro. Porque al fin y al cabo, la biblioteca es el lugar en el que se descubre al otro, de papel o de carne.
En una película inolvidable, la mejor película de ciencia ficción de la historia, 2001, una odisea del espacio, aparece un monolito cada vez que el hombre se dispone a dar un salto cualitativo. Kubrick, su director, debería haber puesto un libro en su lugar. Porque han sido los libros los que han marcado el ritmo de los cambios del ser humano. Porque el libro es el laboratorio del hombre, el lugar en el que se experimenta con emociones, descubrimientos, utopías, apuestas. Somos lo que somos porque hemos pensado y escrito sobre cómo ser y sobre cómo no ser. Y seremos lo que pensemos, lo que piensen y escriban las próximas generaciones.
Así que una biblioteca no es solo un lugar en el que invitar a leer, sino también, o por eso, un lugar en el que invitar a escribir. Las bibliotecas del siglo XXI son, pueden ser, tienen que ser el semillero de nuevas novelas, nuevos monolitos, mojones de nuestro futuro. Si el siglo XX fue sin duda el siglo de la lectura, el siglo XXI puede llegar a ser el siglo de la escritura, ya lo está siendo.
Por todo eso construimos bibliotecas en los campamentos del desierto. Porque no son solo para los saharauis. Las paga nuestra sociedad civil, mediante socios adultos, y mediante actividades solidarias en colegios, institutos y bibliotecas. Y los alumnos y lectores que las sufragan se hacen conscientes de lo extraordinario que es tener una biblioteca, aprenden a valorar la suya, a defenderla. Cada biblioteca del desierto tiene detrás a miles de niños, jóvenes y adultos que la han hecho posible con su pequeño esfuerzo. Sumando. Cada lector saharaui tiene a su lado a miles de lectores, más conscientes de la importancia de una biblioteca, porque con su trabajo se ha construido una, en un clima y un lugar tan hostil.
Piensa en tu biblioteca. Hubo un día en el que esa biblioteca no existía. Alguien la soñó, luchó por ella, la llenó de libros y también de sueños. Hazte del equipo de ese alguien que la hizo posible, lucha por un mundo en el que no haya un ser humano que no tenga cerca una biblioteca, o un amoroso bibliobús. Que no haya un solo niño, joven o adulto, que no roce la mano de una bibliotecaria que le aconseje, que le oriente en el laberinto. Que es lo mismo que decir que no haya un solo ser humano conectado a lo que fue, lo que es y lo que será.
En tu mano hay millones de manos, estrechando la tuya, acompañándote en el camino. Tiernas o callosas, pequeñas o grandes. En el libro que te espera en la mesilla de noche o junto al sofá, hay millones de libros. Ingenuos o complejos, humildes o lujosos. Pero todo preciosos. Conectados todos por un invisible hilo de plata que une mano con mano, estantería con estantería, un hilo inacabable y luminoso. Inacabable, y así sea. Hoy es el Día de la Biblioteca, que es lo mismo que decir El día de la Luz.
Feliz día, feliz siglo.
(Texto: Gonzalo Moure. Cartel: Alfonso Zapico)

domingo, 30 de septiembre de 2018

Fractura

Inspeccionando su biblioteca, Watanabe comprueba que se han deslizado unos pocos ejemplares de los anaqueles superiores. ¿Existirá algún patrón en esos movimientos literarios? ¿Conformarán una especie de antología sísmica? ¿Habrá autores más propensos a descolocarse? Se detiene a cotejar si esos libros se corresponden en alguna medida con sus preferencias. El resultado le sorprende.
Pág. 25

En sus gustos literarios, que también han ido desplazándose, se considera un lector caprichoso. Rara vez procede, como algunos amigos suyos, de forma exhaustiva. Igual que en su vida, prefiere los saltos. Sus sucesivas bibliotecas se han ramificado en una diáspora sin fin. Pág. 263

No tenía mucho tiempo y pensé que por ahí con textos cortos se animaba. Al final conseguí que se entusiasmara con algunos de Silvina Ocampo y Hebe Uhart. Me dio orgullo, como si ellas y yo hubiéramos ganado algo. Cuando empezó a pispear en mi biblioteca,escondí por si acaso el libro de Lamborghini. Pág. 322

Eso sí, una vez que se publicaron libros sobre las bombas, parece que hubo un torrente. Una especie de catarsis a destiempo. La gente ya había empezado a olvidarse, y de golpe se le vino encima una biblioteca entera. Pág. 323

Cuando pienso en ellos, me dan ganas de llorar. La muerte a nuestra edad no asusta tanto. Lo que asusta es sufrir. Algunos han fallecido en oficinas. Gimnasios. Bibliotecas. Bueno, eso último no está tan mal. Pág. 380

Fractura. Andrés Neuman. 2018, Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U. Aportado por Lola