sábado, 23 de mayo de 2020

La isla del viento

Fue el amor a la lectura por parte de Marta Rodona, y su interés por el ocultismo, las ciencias negras y la magia, lo que animó a Bartolomé a repetriar también una extensa biblioteca que su padre había reunido en América y que, junto con una colección de caparazones de tortuga de todos los tamaños, instaló en la planta tercera de la casa. [...] con lo que el tiempo y el esfuerzo se le iban en los trayectos -por caminos abruptos y peligrosos- y la instalación de la biblioteca comenzaba a durar más de lo deseable. [...] Para garantizar la absoluta intimidad de la bibliotecaria y, sobre todo, para no dar que hablar a la gente, Bartolomé decidió dar acceso a esta tercera planta desde el exterior, no siendo necesario pasar por la vivienda principal.

Bartolomé subía cada tarde, con el ocaso, a visitar a su bibliotecaria particular. Empleaba para ello la escalera exterior. [...] Marta, por su parte, abandonó la escuela a fin de dedicar toda su atención a la biblioteca, cuyos libros no sólo limpiaba y ordenaba, sino que leía con avidez.
páxs 64-65

La maestra murió poco después de la guerra que asoló España entre 1936 y 1939, y poco antes de que llegara a Son Habana don Bartolomé Pons i Sunyol, exhibiendo una partida de nacimiento que le avalaba como hereu de aquel Bartolomé que terminó la casa y contrató a la bibliotecaria.
páx 67

La lectura de la biblioteca de Marta le había descubierto cuán frágiles son los criterios sobre los que se asienta la llamada civilización occidental y cuántas interrogantes suscitan los dogmas de la madre Iglesia.
páx 70

De modo que a estas alturas el dueño de Son Habana era lo más parecido a un cacique local y muy pocas gentes reparaban ya en la permanencia en su palacete de aquellos dos extraños seres que consumían gran parte de su tiempo delante de la tele, o leyendo los libros de la biblioteca.
páx 74

Don Bartolomé Pons había recibido a sus invitados en la biblioteca.
páx 116

Había recibido a sus invitados en la biblioteca del piso superior de Son Habana, porque pensó que eso daría un tono más cultural a la visita.
páx118

-¿Le gusta a usted la magia...?¿Cómo se llama?¿Negra?
-Yo soy creyente. Me gusta sólo como curiosidad. Alguno de mis antepasados sí fue aficionado, con toda evidancia. Mi abuelo, creo. Lo principal de esta biblioteca se debe a él.

El piso de arriba estaba ocupado casi totalmente por la biblioteca -"luego le podrá echar usted otro vistazo, señor Graham"-, con la exzcepción de los aposentos de las enanas, que fueron hurtados a los forasteros.
páx 121

Había también en la iglesia un armonio, a la altura de un pequeño coro que tenía acceso desde el pasillo de la planta principal de la casa, y un confesionario también de estilo barroco y de maderas muy similares a la de la biblioteca, amén de unos cuantos bancos y un esquinazo convertido, gracias a un biombo y a un par de cómodas inglesas, en improvisada sacristía.
páx 123

Al principio se extendió en el origen de la biblioteca, la presencia de Marta Rodona en aquella casa, sus aficiones a la brujería, su influencia sobre su padre, las maledicencias locales sobre si no sería en realidad ella la madre de don Bartolomé.
páx 166

La isla del viento; Juan Luis Cebrián. Alfaguara, 1990. Aportado por JMV

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