viernes, 8 de enero de 2021

El viaje de Felicia

En una sala cuadrada y alta con columnas de la planta superior, y un comedor y otras salas, hay modelos de tamaño natural de sirvientes majestuosamente ociosos. Doncellas petrificadas limpian el polvo de los libros de la biblioteca o las superficies de recargadas mesas. Se ha hecho volver también de otra época a una familia que ocupó la mansión, para conversar, tocar instrumentos musicales o bailar; una joven cepilla el cabello a otra; un personaje solitario lee sentado junto a una ventana. Hay cordones con borlas que separan cada uno de estos cuadros de los observadores vivos que susurran en fila junto a ellos. En los perfumados dormitorios hay escenas de desnudez discreta, baños de asiento preparados. Pág. 213

El señor Hilditch ha oído hablar de estos procesos en la vida de otras personas, ha leído sobre ellos en el Daily Telegraph; el equilibrio normal de la mente se altera sin motivo. Va a una biblioteca, algo que no había hecho nunca en su vida. Consulta una serie de libros de medicina, y encuentra por fin la información que busca:

La locura alucinatoria no va precedida de síntomas maníacos o melancólicos, ni se presenta siempre acompañada de fallos en la capacidad de razonamiento. En la primera etapa, el enfermo se muestra introspectiva y retraído, expresando muy rara vez sus pensamientos, rumiándolos y preocupándose por ellos en secreto. Esta etapa puede prolongarse más o menos tiempo y luego las ideas delirantes se hacen fijas y son generalmente de carácter desagradable.


No resulta fácil interpretarlo. Se sienta en el coche en el recinto de la biblioteca y, mientras la gente pasa a su lado, mientras otros coches arrancan y se alejan, él se dice que los fragmentos de pesadillas son sólo eso. No ha ocurrido nada de esto. Pág. 252-253


El viaje de Felicia. William Trevor. Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1999

Aportado por Lola

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