En su lugar, recorrí la biblioteca de la abadía de San Galo, que de seguro habría provocado en el escritor argentino una fascinación sin límites si la hubiera conocido.
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Cuando salía del colegio, iba a una biblioteca pública y se ponía a hojear libros que no eran de estudio; y por las noches, se quedaba dormida leyendo debajo de las sábanas los que había sacado prestados.
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Sin pretenderlo, movió los labios como una niña pequeña y pronunció "bibliothèque" en un murmullo, lo que resonó en algún lugar más profundo que la lengua y la garganta.
HAN KANG; La clase de griego. Penguin Random House. 2023
Aportado por JMV
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