Vanozza condujo a Alejandro hasta la biblioteca y le ofreció un vaso de vino.
-Pero dime, Vanozza, ¿por qué me has llamado? -preguntó él- ¿Acaso tienes algún problema con tus negocios?
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Ese día, Duarte Brandao se unió a Alejandro y a Ercole d'Este en una sesión en la que todos esperaban alcanzar un acuerdo definitivo. Los tres hombres estaban sentados en la biblioteca de Alejandro.
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[...] Venecia era una gran serpiente, siempre al acecho de cualquier negocio luccrativo, una ciudad sin artistas ni artesanos, sin grandes libros, sin bibliotecas, una ciudad ciega a la luz de la verdad, una ciudad experta en traiciones.
MARIO PUZO; Los Borgia. Editorial Palneta S.A., 2006
JMV
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