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jueves, 24 de octubre de 2024

Orquesta

 pax 117-118

...Que empezara a leer, digo, que me pierdo, cuando fui a la cárcel por lo de la adjudicación de la biblioteca pública.
Y sería la que haría la mejor biblioteca pública del país, más grande que todas las otras de las grandes ciudades. [...]
Tú eres muy pequeño, cariño, igual no te lo han explicado. Pero alguien tenía que hacer lo de la biblioteca y resulta que quien mejor la podía hacer era una persona que yo conocía. [...] Era perfecto para el trabajo, porque teníamos mucha prisa en montar la biblioteca. Cielo, te lo digo: de cajón.
[...]
Y, claro, prometimos la biblioteca más grande, un millón de libros, que a ver quién es el guapo no ya que se los lee, sino que los cuenta, y no teníamos ni uno y faltaban pocos días.

pax 121
Te lo digo yo, que monté la biblioteca más grande del país. Aunque, claro, me encerraron por hacerlo. En este país no se valora la cultura.

pax 185
De él heredé la tendencia a la depre y también la biblioteca (casi toda de libros del Siglo de Oro) que dejó en el pueblo, que leí entera, tres o cuatro veces, mientras cuidaba de su padre, mi abuelo.

pax 188
Este estaba en el colegio, cortesía del Conde, que donó un montón de libros a la Alcaldesa, a la Facha, cuando el lío de la biblioteca pública y cuando se destapó todo acabaron en la escuela.

pax 255
En ese instante, Liberto lamenta que no haya canciones de rocanrol sobre el olor a basura de esos cartones de fideos instantáneos cuando se enfrían o sobre multas de la biblioteca o sobre el marrón que supone olvidarse de darse de baja de autónomos cuando no tienes que emitir facturas.

MIQUI OTERO; Orquesta. Alfaguara, 2024.

Aportado por JMV

lunes, 5 de julio de 2021

Simón

Páx 99
Alguien había bajado el volumen del Baraja y aquellos almuerzos, bochiche de tinto y samfaina, fabada y cerveza, gritos y naipes, viraban definitivamente al ambiente de biblioteca pública, termostato estable de bocadillo mini y café solo.


A veces Simón se enteraba de que se liberaba, por defunción o divorcio, alguna pequeña biblioteca de un piso del barrio y se presentaba allí, tasaba el material y regresaba a casa con Estela, con las alforjas de la moto a rebosar de libros.

páx 119
Y en esa biblioteca, como en todas, pero aquí sin metáforas ni historias, había un tesoro escondido.


Pensó Simón en que detrás de cada gran biblioteca, como detrás de cada gran fortuna, había un crimen. [...]También pensó que [...], había sido la fe (en su primo en sus mensajes) la que le habíallevado hasta allí, hasta esa biblioteca, hasta ese dinero.

páx 130, 131
Simón le contó entonces la historia de los billetes escondidos en la biblioteca del Sastre.


Simón Clyde habría escogido e Estela Bonnie incluso aunque no encajara tan bien en su plan, pero es que además estaba claro que la mejor forma de hacer eso sin levantar sospechas era comprando toda esa biblioteca.


El caso es que ahora necesitaban ese dinero para pagar la biblioteca, sacarla del piso y luego extraer con calma los billetes, [...]

Estela y Simón vaciaban la tercera bolsa de pipas mientras sus labios cuarteados por la sal verbalizaban planes para reunir dinero con el que comprar la biblioteca.

páx 136
Sonreía pero porque sabía que los billetes encontrados en la biblioteca, en los libros que irían a buscar justo al día siguiente, le darían la oportunidad de irse de aquí.

páx 148
Había podido costearse las carísimas matrículas gracias al tesoro de su biblioteca, [...]. Simón fingió que salía del Baraja para ir a trabajar, aunque en realidad invertía el tiempo en pasar horas en la biblioteca del barrio, [...]

páx 153
Estela, en realidad, había empleado parte de su botín de la biblioteca en pagarse sus estudios de Traducción e Interpretación en una universidad pública.

páx 216
Te dejo ya, que tengo que ior a comprar una biblioteca que me han chivado.

páx 286
Simón había puesto en sus manos lo que quedaba del tesoro de la biblioteca y del dinero de la gira con Biel, [...]

páx 299
En su archivo no había retratos, sino fragmentos favoritos de libros: como leía siempre en tomo pedidos en préstamo en las bibliotecas públicas, no podía subrayarlos, así que les hacía fotos.

páx 303
Encaramado en esa atalaya (son tres los secretos de la vida, le había dicho Oro una vez: biblioteca, calle y atalaya), comenzó su discurso.

páx 429
A él le habían dado el chivatazo antes de que vinieran  y había guardado el dinero dentro de los libros de su biblioteca. Me dijo que ya me lo contaría algún día.


MIQUI OTERO; Simón. Ed Blakie Books. 2020
Aportado por JMV