El proceso habitual de abrir los postigos consistía en que Purdy fuera al ala izquierda y Crickem a la derecha. Empezaban con las ventanas que había a ambos lados de la puerta principal, y a continuación Purdy se metía en el salón y Crickem en la biblioteca. A partir de entonces ya no volvían a verse hasta que aparecían de nuevo en el vestíbulo tras hacer la ronda completa de la casa, aunque mientras Purdy plegaba cada postigo a su cargo con sumo esmero, a lo lejos oía el estrépito de crickem, que era menos cuidadoso con el ruido. Pág. 192
En un café. La escapadita. Mary Lavin. Errata naturae editores, 2018. Aportado por Lola.