Pero si no acuden los amigos de Roma, en su lugar siempre hay otros, magníficos, unos compañeros que jamas defraudan, lo mismo dispuestos al silencio que a la charla. Los libros. Marco Julio Cicerón instala en su casa de campo una fantástica biblioteca, un panal de sabiduría verdaderamente inagotable. Las obras de los sabios griegos alineadas junto a las crónicas romanas y los compendios de la ley. Con semejantes amigos de todos los tiempos y todas las lenguas, no puede sentirse solo ni una noche. Páxina 14
Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas de Stefan Zweig, publicado por Acantilado no ano 2015 (18ª reimp.). Aportado por Anxo
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miércoles, 9 de enero de 2019
lunes, 4 de agosto de 2014
Mendel el de los libros (2)
"Y Mendel, aquel hombre bueno y formal, habría tenido razón de haber soltado cualquier ordinariez que se le hubiera ocurrido, pues sólo un extraño, un ignorante -un amhorez, como él mismo decía- podía hacerle a él, a Kacob Mendel, una proposición tan humillante. Anotarle a él a Jacob Mendel, el título de un libro, como si fuera el aprendiz de una librería o el bedel de una biblioteca, como si aquella inigualable mente libresca, diamantina, hubiera tenido que echar mano jamás de un recurso semejante, tan vulgar. Sólo más tarde comprendí hasta qué punto había ofendido su genio singular con aquel amable ofrecimiento, pues Jacob Mendel, aquel judío de Galitzia, pequeño, comprimido, envuelto en su barba y además jorobado, era un titán de la memoria."
Stefan Zweig, Mendel el de los libros (esta é a segunda entrada deste libro neste blogue), Acantilado, pág. 18.Aportado por Utopía
sábado, 14 de junio de 2014
Mendel el de los libros
"Dejando a un lado los libros, aquel hombre singular no sabía nada del mundo, pues todos los fenómenos de la existencia sólo comenzaban a ser reales para él cuando se vertían en letras, cuando se reunían en un libro y, como quien dice, se habían esterilizado. Pero tampoco leía aquellos libros para entenderlos, en su contenido espirtual y narrativo. Tan sólo su título, su precio, su aspecto, la página de créditos atraían su atención. Aquella memoria específica de anticuario de Jakob Mendel, en último término improductiva y no creativa, mero inventario de cientos de miles de títulos y nombres grabados en la blanda corteza cerebral de un mamífero, en lugar de, como en otro tiempo, escritos en un catálogo en forma de libro era, no obstante, en su perfección, única, un fenómeno de no menor importancia que la de Napoleón para las fisonomías, la de Mezzofanti para los idiomas, la de Lasker para las aperturas de ajedrez o la de Busoni para la música. En un seminario, en un puesto público, aquel cerebro habría enseñado y sorprendido a miles, a cientos de miles de estudiantes y eruditos. Habría sido de provecho para las ciencias, una adquisición sin igual para esas cámaras del tesoro público que llamamos bibliotecas."
Stefan Zweig, Mendel el de los libros. Traducción de Berta Vias. Ed. Acantilado. Barcelona: 2009. p. 20-21. Anaco aportado por Lu.
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