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sábado, 21 de junio de 2025

El peso del corazón

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[...] por supuesto estaban las obras completas de Heriberto Labari; así como textos que, por sus títulos, parecían ser de contenido religioso: El camino de la perfección, La Única Verdad y la Verdad del Único, Razón y Revelación... pero también había libros de historia, científicos, filosóficos... Detrás de los mostradores, tanto en la armería como en la biblioteca, un puñado de burócratas de ropajes rayados se afanaban como abejorros laboriosos.

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[...]Frente a ellos estaba un edificio derruido del que solo quedaban en pie dos paredes que formaban un ángulo. Debía de haber sido una biblioteca, porque esos dos muros se encontraban cubiertos de estanterías aún llenas de libros, libros tradicionales de papel.

ROSA MONTERO; El peso del corazón. Círculo e Lectores. 2015

Aportado por JMV

lunes, 4 de mayo de 2020

La carne

Imposible pensar en acostarse en ese estado, aunque a las nueve de la mañana tenía una cita muy importante en la Biblioteca. Pero en esas condiciones de incendio mental la cama solo agravaba la situación. Pax. 9

Apenas había dormido un par de horas y había llegado a la Biblioteca Nacional con más de veinte minutos de retraso: era la primerísima reunión para dar el pistoletazo de salida de la muestra y la comisaria llegaba la última. Pax. 19

-En efecto, Marita, esto es sólo una primera toma de contacto -contemporizó Santos Aramburo, la directora de la Biblioteca-. Estamos todavía en la fase de elaboración del proyecto. Pax. 21

La directora de la Biblioteca cortó por lo sano:
-Bueno, amigos, yo tengo muchísimo que hacer y estoy segura de que vosotros también. Esta reunión era sólo una primera toma de contacto, el objetivo era conocernos todos y compartir la emoción de este proyecto ilusionante, y creo que ese fin está cumplido. Esta exposición es en muchos sentidos un reto para la Biblioteca. Va a ser la muestra más grande, más internacional y con mayor presupuesto de la historia de esta institución,...Pax. 23

Tenía que decirle a Bettina que preguntara en la Biblioteca Pública de Nueva York, en la Universidad de Columbia y en la Biblioteca Green de Stanford, que era donde se conservaban los manuscritos de Burroughs, si no recordaba mal. Pax. 27

Todas estas estrafalarias peripecias se contaban en la obra más importante de Ulrico, Frauendienst, "Al servicio de la dama", que estaba en la Biblioteca Estatal de Baviera. Tenían que ser capaces de conseguirla. Pax 28 e 29

Soledad, que era una misántropa modélica, detestaba hablar por teléfono y casi nunca cogía las llamadas, pero esta vez había descolgado porque vio que era la directora de la Biblioteca Nacional. Ahora se arrepentía de haberlo hecho. Pax. 62

A veces le había tenido bebiendo sus palabras. La directora de la Biblioteca quizá tuviera razón cuando decía que ella era muy narrativa. Si tan sólo fuera capaz de escribir un libro. Si tan sólo fuera un poco menos cobarde y se atreviera a escribir un libro... Pax. 94

Además siempre mostró una viva inteligencia, una curiosidad insaciable; a los dieciocho años, cuando otras jóvenes de su edad sólo vivían preocupadas por las cintas de raso y los carnets de baile, ella se había leído la notable biblioteca de su padre y había aprendido por si sola latín, inglés y francés. Pax. 152

De pronto, Soledad se irguió en el asiento, los ojos desorbitados, un dedo de hielo subiendo por su nuca:"El próximo proyecto de Kemp es una exposición que está preparando para la Biblioteca Nacional: "se trata de la muestra más grande que jamás se ha hecho allí, porque contará con el Fondo Duque de Ruzafa. Yo no había trabajado antes con la Biblioteca, pero al ser un evento tan importante pensaron que necesitaban a alguein con experiencia en grandes y exposiciones y me llamaron...""
Encendida de furia, llamó a la directora de la Biblioteca, olvidando en su enajenación que detestaba hablar por teléfono y que odiaba aún más hacerlo desde el AVE. Pax. 167

Lo que importa es el mar de fondo. Lo que importa es que te tienes que poner las pilas, Soledad; tienes que venir más por la Biblioteca, y hablar más con Marita y con Triple A. Pax 169
Para colma, a las nueve y dos minutos sonó el móvil, y aquí viene la segunda de las calamidades  coincidentes; era Ana Santos Aramburo, la directora de la Biblioteca, Marita Kemp estaba intentando dar un golpe de mano; al llegar esta mañana a su depacho, Ana había encontrado una carta oficial de Triple A en la que le pedía que le diera el comisariado de la exposición a la arquitecta, o, en su defecto, plena responsabilidad y mando sobre la muestra.
-Ven ahora mismo para acá. Tenemos que preparar la respuesta- dijo Ana, y colgó.
Y eso había hecho Soledad; se duchó, se vistió, bebió un café doble y partió hacia la Biblioteca Nacional con plomo en el cerebro y el ánimo aterido. Pax. 205 e 206

Parte de la magnanimidad que experimentaba Soledad ahora debía de venir del hecho de haber ganado la batalla de la Biblioteca. Rosa Montero llamó un día diciendo que había hablado con la sobrina nieta de Aznárez y que les prestaría para la exposición los textos inéditos escritos por Josefina en el manicomio. Pax. 231

En ese momento estaba pasando por delante de la puerta de la Biblioteca del Retiro, y el destino juguetón hizo que su mirada cayera en los carteles que ya llevaba viendo más de dos semanas y que anunciaban una mesa redonda con tres novelistas jóvenes,... pax. 233

Mi querida Ana Santos Arramburo, directora de la Biblioteca Nacional de España, me ha dejado convertirla en un personaje y a hecho atinados comentarios sobre el borrador. Pax. 235



La carne. Rosa Montero. Alfaguara, 2016. Aportado por Anxo

viernes, 19 de abril de 2019

Los tiempos del odio

La gente salía y entraba, en su mayoría adolescentes ataviados con los uniformes de guerra suburbiales, colores chillones, ropas cosidas con grapas, trenzas tiesas, botas con la punta metálica. Husky se acercó con toda naturalidad y accedió al recinto; dentro había un vestíbulo bastante amplio, sillones destripados con gente sentada, una barra de algo parecido a un bar, corrillos de personas charlando. Media docena de puertas se abrían en las paredes: Sala 1, Sala 2, Biblioteca, Auditorio... Pág. 121-122

Yo recordaba vagamente haber leído algo en un documento antiguo sobre la relación de Juanelo Turriano de Fúcar, el banquero de Carlos V y Felipe II. Rebusqué por aquí y allá y al cabo caí en la Real Biblioteca escurialense y en la colección de manuscritos del conde duque de Olivares que donó su sobrino, el marqueés de Liche. Y ahí estaba. Pág. 241

Los tiempos del odio. Rosa Montero. Editorial Planeta, S. A., 2018. Aportado por Lola