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martes, 9 de julio de 2024

La distancia que nos separa

 

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La biblioteca del centro olía a cera de suelos y a papel húmedo. Los deshumificadores tosían y zumbaban en las esquinas, digerían la humedad, el calor podrido de la estación lluviosa.

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-Hum... -se sonrojó hasta las orejas-, no... o sea, sí... Estaba preguntándome dónde... dónde estaría Kildoune.
-¿Kildoune? -La bibliotecaria lo miró-. ¿Eso no es...?
[...]
-¡Lo conozco muy bien! Mi hermana tiene una casa allí. Es un sitio muy bonito. -La bibliotecaria se estiró, señalando por encima de la cabeza de Jake-. Está ahí. Por allí arriba.
Puso el dedo en el centro de la parte más ancha de Escocia y tapó casi todo el nombre. Jake solo veía la a y la uve, nada más. Concentró la mirada en ese punto con la intención de recordarlo, para poder verlo cuando la mujer quitara el dedo. La bibliotecaria se apartó.


MAGGIE O'FARRELL; La distancia que nos separa. Libros del Asteroide, 2024

Aportado por JMV

lunes, 13 de enero de 2020

Sigo aquí

No era cierto, naturalmente. Seguro que lo sabía antes de leer la carta y mientras respondía sentada en mi pupitre de la universidad, con el bloc encima de los apuntes de los libros de la biblioteca, de los trabajos sin terminar. Pág. 44

La pregunta se me acerca lentamente, se me sube encima, me adelanta y me envuelve como la niebla, mientras el avión sigue volando, inexorablemente: ¿por qué me he ido? ¿Cómo es que me voy? En la biblioteca de la universidad a menudo me sentaba enfrente de ese amigo y estudiábamos juntos para los exámenes finales. Si uno se distraía, el otro le daba pataditas por debajo de la mesa, suaves e insistentes. Pág 61

Tendría que estar engrasando la cadena de la bici. Tendría que estar subiendo y bajando los peldaños de la biblioteca de la universidad cargada de libros y revistas. Tendría que estar empezando el doctorado. Pág. 61

Lo cierto es que habría sido una pésima académica. Soy demasido volátil, demasiado cambiante, demasiado impaciente. En cuanto hubiera terminado de escribir mi apología de la autora de Gawain me había pasado el resto de mi vida como una desgraciada, encerrada en una biblioteca,enfrascada en manuscritos antiguos. Me habría vuelto loca con la opacidad del inglés medieval. Y tampoco habría sido buena profesora. Pág. 63

Anton me enseña a manejar una cámara réflex de una sola lente, salgo con ella y lo fotografío todo: gente que saca a pasear a sus pájaros enjaulados, ancianas que hacen taichí por la mañana, jugadores de mahjong en el parque, niños disfrazados de dragones, patos aplanados en el escaparate de los restaurantes, los tranvías, el neón contra el cielo oscuro, las pirámides de durios y los tanques de tofu de los mercados nocturnos. Me inscribo en la biblioteca del British Council después de reunir las solicítudes necesarias, las fotocopias y los justificantes de mi dirección postal. Pág. 68-69

Sigo aquí. Maggie O'Farrell. Libros del Asteroide S. L. U., 2019. Aportado por Lola