lunes, 29 de junio de 2026

La picadura de abeja

Para empezar, todos los aspectos de la vida en el Trinity College se conocían mediante nombres arcaicos en clave. el bar se llamaba la Despensa, la biblioteca se llamaba la Lecky, el trimestre en el que estaban, el de octubre era el de san Miguel. Pax.373 e 374


La Biblioteca Antigua Está llena de turistas con gorros de pescador y bolsas de la compra con el emblema de la universidad. El pasado en venta. Pax. 393

La primavera anterior, mientras sus compañeros se dedicaban a morrearse en el Peg Woffington y a dormir la mona Dickie se había enclaustrado en la biblioteca para estudiar y sacarse, los Exámenes de Honores. Pax. 397

A los dieciséis años, a Willie lo habían expulsado de la escuela: lo habían pillado mariconeando, dijo misteriosamente. Y ya no había vuelto. Se había dedicado a pasar los días en la biblioteca, leyéndolo todo, le contó, literalmente todo lo que tenían. El corán, la revista Woman´s Own, Robert Ludlum, todo. Pax. 439

Sentarse en la sala de exposición del concesionario, "irse de picnic" juntos en el Passat nuevo, en el Jetta nuevo, leer libros de Mi pequeño pony de la biblioteca, comer galletas Oreo, ver pasar el pueblo al otro lado de la ventanilla. En aquellos momentos no estaba sonámbulo. Todos los placeres que ofrecía la civilización parecían insignificantes en comparación con aquello: estar sentad con su hija en un coche aparcado, sin ir a ninguna parte. Pax. 496

Esta vez el mensaje era real; era para él es decir, para Davi Silva. La respuesta era breve pero generosa. No se consideraba experto, dijo, pero sí que tenía algunos edificios favoritos, de los que le hacía una lista con enlaces. le dijo que visitara también la biblioteca Marsh.¡Disfruta del viaje!. Pax. 508 e 509


Murray, P. (2025). La picadura de abeja. Anagrama.
Aportado por Anxo

martes, 9 de junio de 2026

Lobos en las islas

 pax 121

Quedé solo en la habitación, una biblioteca o estudio, con el médico, que leía sentado en una butaca.

pax 137
¿Dónde estaba el libro? Quintana no estaba muy seguro de si en la biblioteca de la sala, o en el pequeño estante del dormitorio, donde guardaba casi todos los libros de poesía, o a lo mejor no quería saberlo, porque aquel libro era como un pedazo del cuerpo de Pedro, [...]

MARILAR ALEIXANDRE; Lobos en las islas. Editorial Arde, 2022

Aportado por JMV

martes, 26 de mayo de 2026

La ciudad de las luces muertas

 pax 23

Era como si la biblioteca, que tanta compañía le ofrecía en los días grises,que eran casi todos, quisiera brindarle una oportunidad.

pax 24
La biblioteca de Filosofía y Letras tenía dos partes: una visible y otra clandestina. Para acceder a la segunda había que trazar un itinerario que los alumnos más avezados habían aprendido en clase de Literatura.

pax 25
Para salvar los libros de las llamas, los bibliotecarios desafectos al régimen habían escondido los escritos en catalán en las zonas menos transitadas de las bibliotecas, junto a las obras de ideología contraria a la flamante dictadura.

pax 153
Se refugiaron en las zonas más altas de la ciudad, accesibles a pájaros mensajeros y a señales lumínicas: en el interior de las nueve torres que han aparecido en la fábrica textil de la Ciutadella, donde han improvisado una especie de biblioteca debajo de las arcadas; [...]

pax 158
Allí encontró a sus amigos, todos escritores, vaciando un vehículo de libros. Era un bibliobús, una biblioteca pública instalada en un autocar. Había sido creado por el Servicio de Bibliotecas del Frente del Gobierno catalán con la intención de llevar la cultura a los jóvenes soldados [...]



DAVID UCLÉS; La ciudad de las luces muertas. Editorial Planeta, 2026

Aportado por JMV

lunes, 18 de mayo de 2026

Teléfono

 pax 40

Estábamos sentados en la cafetería de detrás de la biblioteca del campus. Los dos teníamos café y yo estaba quitándole las migas sueltas a una magdalena reseca.

pax 180
Nadie ni nada se veía distinto cuando me compré el café en el local anexo a la biblioteca. La mujercilla gordezuela de la caja registradora me preguntó, como siempre, si quería una magdalena o un croissant con el café.

pax 269
Aquel mismo día había pasado por la biblioteca pública de San Antonio. El edificio que la albergaba no era mucho más grande que la biblioteca móvil a donde solía ir en mi vecindario de Chicago cuando era niño. [...]
-Está bien esta biblioteca -le dije.
-Vengo todos los días -dijo.
[...]
-Qué lástima lo de esas pobres mujeres -dije. Moví el monitor para orientarlo más hacia mí.
-¿Cómo? -me preguntó. Y luego, como si acabara de caer en la cuenta- : La muerte llega cuando llega. Se lo digo siempre a mi hija. Tengo noventa y dos años. No me quiero pasar el día sentado en la biblioteca. Supongo que ella prefiere que me muera en la biblioteca antes que en mi cama.

PERCIVAL EVERETT; Teléfono. Ediciones De Conatus, 2026

Aportado por JMV

lunes, 11 de mayo de 2026

Los nombres

 

pax 96

A la mañana siguiente, en la biblioteca  del colegio, Maia escribió la carta  usando varias hojas que había arrancado pulcramente de la parte posterior de su cuaderno de ejercicios.

pax 124
-Y le encantaban los libros. Él no le dejaba tener ninguno, pero le gustaba leerme los míos. Lo hacía todas las noches, antes de que él volviera a casa. Ana de las Tejas Verdes. Mujercitas. Matar a un ruiseñor. Siguió leyéndome, leyéndonos hasta el final. Todo lo que yo sacaba de la biblioteca del colegio.

pax 196
[...] Pero no tiene adónde ir. [...] No puede ir a la biblioteca, donde Gordon suele tomar libros prestados que, a veces, los sábados por la mañana, devuelven juntos.

pax 205
[...] Pero al acabar de ordenar sus pensamientos y los libros de un carrito, queda mirando el techo de cristal de la Biblioteca Nacional de Francia, y su grandeza hace que, a su lado, ella y su decepción parezcan muy pequeñas.

pax 222
[...] A veces, cuando le piden que busque algo en el sistema informático de la biblioteca, las palabras tardan unos segundos en llegar a sus dedos. Los médicos dicen que es normal después de un acontecimiento traumático, pero a ella la desconcierta.

pax 259
[...] que nunca ha tenido un descubierto en el banco, aunque ha acumulado veinte libras de multas en la biblioteca y le da vergüenza entrar a pagarlas; [...]

pax 270
Durante el confinamiento, mientras ella se dedicaba a catalogar los libros electrónicos de la biblioteca, Bear se había ocupado de los estudios de Pearl, y leían sólo por encima las tareas que sus profesores le ponían por internet para centrarse en cuestiones prácticas.

pax 282
[...] ¿Dónde estaba ella entonces? Tal vez caminando por el paseo marítimo, o en la biblioteca. Y había continuado con su vida, ajena a este regalo especial.

pax 285
Los días de colegio son largos y Pearl sale agotada. Lejos de las puertas, le pide a su madre que la lleve a cuestas, e incluso después de un turno en la biblioteca, Lily sube la colina con el cálido cuerpo de su hija sobre la espalda y la fiambrera vacía que le golpea ligeramente el costado.

FLORENCE KNAPP; Los nombres. Salamandra. 2026

Aportado por JMV

martes, 5 de mayo de 2026

Psicopompo

Bastaba con dejar de comer. Dejé de alimentarme. Me costó lo mío. Las primeras semanas, el hambre me obsesionaba. En la biblioteca de mis padres había una novela de Robert Merle titulada La muerte es mi oficio. Aquel título me impactó. Lo leí y, aunque no tenía nada que ver con mis propósitos, me resultó fascinante. Pax. 79

Nothomb, A. (2026). Psicopompo. Anagrama. 

Aportado por Anxo


lunes, 4 de mayo de 2026

El buen padre

 px 83

A la semana de abstinencia, y a pesar de que había prometido no acercarse al amigo su primo, Noelia no encontró a nadie mejor con quien seguir practicando y se hizo la encontradiza con él  a la salida del gimnasio municipal, donde Pablo pasaba las tardes convencido de que allí se preparaba mejor para la vida que en la biblioteca, que estaba a escasos cincuenta metros de distancia.

px 88
Cuando entra del patio suele encerrarse en la biblioteca hasta la hora de la cena, alejado de las timbas que se forman en la galería y que por lo general terminan en pelea. Pero ni siquiera en el sitio menos frecuentado de la cárcel puede ocultarse durante demasiado tiempo.

px 89
El rumano suelta una risotada y Gonzalo comprende que no tiene escapatoria. Antes de que pueda responder, un funcionario entra en la biblioteca.

px 138
-Estás ocupada, lo entiendo. No te preocupes, que me voy a estudiar un rato a la biblioteca y me pondré dos pares de calcetines para dormir.

px 292
Su amiga Marta se sentó junto a ella en la biblioteca y la miró con reproche.
-No veas el chorreo que me ha caído por tu culpa, Noe.

px 293
Al salir de la biblioteca, se encontró a Pablo esperándola. Iba vestido de paisano.
-Pablo, ¿qué haces aquí? -preguntó Noelia sorprendida.
-He ido a buscarte a tu clase y un chico me ha dicho que estabas todo el día estudiando en la biblioteca.

 px 378
Noelia, por su parte, se propuso recuperar el curso y planeó encerrarse en la biblioteca las semanas que siguieron, aprovechando que a Pablo al fin le habían dado luz verde para pasar unos meses destinado en Mauritania, colaborando con la policía y el ejército local en la lucha contra la inmigración irregular.

SANTIAGO DÍAZ; El buen padre. Penguin Random House Debolsillo. 2024

JMV