domingo, 1 de febrero de 2026

La guerra del general Escobar

 

páx 20

Tuve un profesor en la academia de la Guardia Civil de Getafe que nos insistía en que para conseguir esa claridad  nada mejor que leer a los clásicos. Así lo hice en la biblioteca que teníamos en la academia. [...] En la biblioteca, además, había una gigantesca chimenea y en invierno era la más agradable dependencia de todo el edificio.

JOSÉ LUIS OLAIZOLA; La guerra del general Escobar. Ed. Planeta, 1983
PREMIO PLANETA 1983

Aportado por JMV

lunes, 26 de enero de 2026

Alimentar a los fantasmas

 



Hulls, T. (202). Alimentar a los fantasmas. Reservoir Books.

Aportado por Anxo




El Manifiesto Negro

 

páx 162

Antes de cumplir los treinta conoció y se casó con Valya, una joven bibliotecaria y profesora de inglés. Ella le enseñó el idioma para que él pudiera leer en el original las publicaciones técnicas que llegaban de Occidente. Al principio fueron felices, pero poco a poco la imposibilidad de tener un hijo fue amargando la existencia.

páx 343
Se acordó del viejo jefe de espías, considerado aún en el mundo del Gran Juego como el último practicante del engaño por desinformación, sentado en la biblioteca de Castle Forbes con la biblia de la familia abierta ante él y diciéndole: "La clave es Gedeón, muchacho. Piense como Gedeón"

páx 346
-Cuando se produjeron las explosiones en la calle, el cosaco salió con su pistola. El americano había huido dejando la puerta abierta. El cosaco se asomó, gritó "asesinos" y cerró de un portazo. Yo corrí arriba justo cuando Su Santidad salía de la biblioteca para asomarse a la escalera y preguntar qué pasaba. Mientras él estaba allí yo fui a recoger las tazas de café y la grabadora.

FREDERICK FORSYTH; El Manifiesto Negro. RBA, 1988

Aportado por JMV

miércoles, 21 de enero de 2026

Los ojos de Mona

 

-Seguro que leyó muchos libros…

-Bueno, la verdad es que hacía 1500, en tiempos de Leonardo había pocos libros. Acababa de inventarse la imprenta. Él tenía cerca de 200 volúmenes en su biblioteca, lo que  ya era un número enorme, pero, como era un hombre bastante solitario, también escribió mucho: miles y miles de páginas, sobre todos los temas posibles. En definitiva, escribió más de lo que pintó. Pax. 44

Si la arquitectura tiene su Gioconda, es esta, con sus hitos, en orden de izquierda a derecha: la Casa de la Moneda, la biblioteca pública, las estatuas de las columnatas de la plaza de San Marcos, el Palacio Ducal, el puente de la Paja y el palacio de las Prisiones. Pax. 134

En el campamento estaban prohibidos los ordenadores, las tabletas y los móviles, pero había una biblioteca bien surtida. Mon fue hasta allí y preguntó cándidamente al funcionario que atendía el local:

-¿Puedo escribir? Pax. 368

Algunos libros viejos se habían incorporado a su biblioteca. Y además, pudo recuperar una figurita de Vertunni que había escapado milagrosamente a la venta. Pax. 492

Schlesser, T. (2024). Los ojos de Mona. Lumen.

Aportado por Anxo


domingo, 11 de enero de 2026

El sueño del jaguar

 páx 63

Trataba de cruzarse con ella deambulando por los pasillos de la escuela de Missia Alcina, soliviantado por su imagen, acechándola en cada pupitre de la biblioteca, en cada escalinata de piedra, pero no le quedó más remedio que encontrarla solo en la huella embriagadora que aparecía en sus sueños.

páx 69
[...] y mil historias de conmovedora belleza más, tan barrocas e inverosímiles que Antonio hubiese querido construir una biblioteca en medio de la estación para poder conservarlas todas.

páx 204
Antonio imaginó entonces el esplendor de un campus lleno de estudiantes, bibliotecas que llenaran los pasillos del antiguo aeródromo, aulas magnas en lugar de los espacios de circulación aérea, y aquella idea insólita suscitó tal entusiasmo, tal agitación íntima, que esa misma noche tuvo un sueño premonitorio.

páx 252
Se instaló en la habitación contigua a la de los espejos, la misma en la que Pedro Clavel colgó su su hamaca una noche, y montó allí su biblioteca francesa, que mandó traer en un buque.

MIGUEL BONNEFOY; El sueño del jaguar. Libros del Asteroide. 2025
Aportado por JMV

martes, 23 de diciembre de 2025

Muertes poco naturales

 

px 30

-El lunes pasado, por la mañana, el señor Seton fue a Londres para pasar unos días en su club, el Cadaver Club de Tavistock Square. En octubre siempre pasa una o dos semanas allí. Prefiere Londres en otoño y le gusta documentarse para futuras obras en la biblioteca del club. [...]

px 60
-Por la tarde trabajé en la Biblioteca de Londres y luego fui a un teatro de vanguardia. Como se hacía tarde, me pareció mejor pasar la noche en Londres. [...]

px 76
- [...] Los bestsellers los creaban los anunciantes, escribir bien era un claro inconveniente y las bibliotecas públicas habían acabado con las ventas. Pienso que tenía razón. [...]

px 95
[...] La noticia de que Eliza Marley  había reconocido que pasó la noche del martes en Londres creó toda suerte de especulaciones, estimuladas por las frecuentes y poco convincentes explicaciones de Celia en el sentido de que su sobrina tenía necesidad de visitar la Biblioteca de Londres. [...]

px 132
-Sí, señor. Casi todas las mañanas de diez a doce y media, hora en que comía, y nuevamente de las dos y media hasta las cuatro y media. Trabajaba con ese horario y escribía a máquina. Si se trataba de leer o de tomar apuntes, iba a la biblioteca. Sin embargo, en la biblioteca no se puede escribir a máquina porque molesta a los demás socios.

px 133
Evidentemente, ahora tocaba visitar la biblioteca. [...].
La biblioteca, que daba a la plaza por el sur, probablemente era la estancia más interesante de la casa. [...] Los libros formaban una pequeña pero relativamente amplia biblioteca del crimen.
[...]

px 134
[...] También notó que, a pesar de que el club excluía a las mujeres, la prohibición no incluía sus obras, razón por la cual la biblioteca era bastante representativa de las novelas del género durante los últimos ciento cincuenta años.

px 135
Dalgliesh le dio las gracias y lo dejó ir. Se quedó unos minutos más en la biblioteca. [...]
[...]
[...] Como proclamaba el menú del tablón de anuncios de la biblioteca, hoy había melón, budín de ternera y riñones, y soufflé de limón. Ya estaban entrando los primeros budines cubiertos con servilletas.

px 136
-¡Nada de eso! En realidad, no es así. Se trata de un error muy difundido. Aunque la muerte de Seton fuera un truco publicitario que, reconócelo, sugeriría un celo excesivo por parte delpobre Maurice, dudo que se vendiera un solo ejemplar más. Unas pocas viejecitas añadirían su última obra a las listas de la biblioteca, pero no es lo mismo. [...]

P. D. JAMES; Muertes poco naturales. RBA, 1999

Aportado por JMV

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Senlleiras

 A biblioteca de Vila Chorima era territorio prohibido para todo o servizo excepto para Dosinda. Só ela tiña a chave, posto que era a encargada de atender do cuarto. A mesma señora lle ensinara como debía limpar o po dos libros.

...
-Quero poder ler os libros da súa biblioteca.
A petición sorprendera á señora. Debía de pensar  que pediría un doce. Quizais un xoguete, unha boneca ou un vestido novo. Pero a Alana todo iso dáballe igual. Para ela, un caramelo ou unha peza de roupa eran insignificantes ao lado dun libro. Os libros podían amosarlle o mundo que os adultos lle agochaban, dábanlle a compaña que ninguén máis lle ofrecía.
...
Cando a señora meteu a chave na pechadura da biblioteca, Alana pensou que se lle escaparía un berro da emoción.  
 Pax. 56 e 57

Tráxico suceso.
 Alda le a toda présa o corpo da noticia. O titular prometía, pero...
-Merda, joder!
Di aquilo demasiado alto e a xente da biblioteca levanta a cabeza para mirala con mala cara. Ela sorrilles, avergoñada, e volve a centrarse na pantalla do ordenador.
Martes, 7 de xuño de 2016. 12:48
Leva alí toda a mañá. A bibliotecaria, moi amable explicoulle que as hemerotecas dos antigos xornais da cidade das que dispñen están case todas en formato dixital. Pax. 119

O problema era que Alana non sentía nada semellante. Era lista, fermosa e culta. Sempre estaba lendo libros da biblioteca da señora, ou os que lle regalaba, ou os que ela mesma compraba co pouco diñeiro que tiña. Pax. 127

Dez anos despois de chegadas as laranxeiras, Alana desfrutaba dalgún privilexio máis á pparte do acceso á biblioteca de dona Sagrario. Pax. 128

-Son André, por certo
Despois da busca na biblioteca, o rapaz empeñáse en acompañala de volta á casa. Alda acepta despois de dubidar un intre. Bieito está de viaxe de negocios; non debería haber problema.
-Eu Alda. Pax. 155

-Coñecina na biblioteca, un día que estaba buscando polas hemerotecas dos xornais da cidade algo que lle axudase a entender o que ocorría na súa casa. Pax. 180

Unha mañá seguín a Alda e levoume á bibliotea, e alí descubrín que buscaba información sobre quen vivira no seu piso antes. Pax. 244

Entraron na biblioteca e Alana sentou no escritorio da señora da casa. Colleulle o papel das cartase dispúxose escribir todo o que non puidera dicir ata aquel momento. Pax. 274

Yañez, A. (2018).  Senlleiras. Galaxia.

Aportado por Anxo