lunes, 4 de mayo de 2026

El buen padre

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A la semana de abstinencia, y a pesar de que había prometido no acercarse al amigo su primo, Noelia no encontró a nadie mejor con quien seguir practicando y se hizo la encontradiza con él  a la salida del gimnasio municipal, donde Pablo pasaba las tardes convencido de que allí se preparaba mejor para la vida que en la biblioteca, que estaba a escasos cincuenta metros de distancia.

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Cuando entra del patio suele encerrarse en la biblioteca hasta la hora de la cena, alejado de las timbas que se forman en la galería y que por lo general terminan en pelea. Pero ni siquiera en el sitio menos frecuentado de la cárcel puede ocultarse durante demasiado tiempo.

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El rumano suelta una risotada y Gonzalo comprende que no tiene escapatoria. Antes de que pueda responder, un funcionario entra en la biblioteca.

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-Estás ocupada, lo entiendo. No te preocupes, que me voy a estudiar un rato a la biblioteca y me pondré dos pares de calcetines para dormir.

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Su amiga Marta se sentó junto a ella en la biblioteca y la miró con reproche.
-No veas el chorreo que me ha caído por tu culpa, Noe.

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Al salir de la biblioteca, se encontró a Pablo esperándola. Iba vestido de paisano.
-Pablo, ¿qué haces aquí? -preguntó Noelia sorprendida.
-He ido a buscarte a tu clase y un chico me ha dicho que estabas todo el día estudiando en la biblioteca.

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Noelia, por su parte, se propuso recuperar el curso y planeó encerrarse en la biblioteca las semanas que siguieron, aprovechando que a Pablo al fin le habían dado luz verde para pasar unos meses destinado en Mauritania, colaborando con la policía y el ejército local en la lucha contra la inmigración irregular.

SANTIAGO DÍAZ; El buen padre. Penguin Random House Debolsillo. 2024

JMV

lunes, 27 de abril de 2026

El jardinero y la muerte

De niño escogía de la biblioteca solo los libros escritos en primera persona, porque sabía que en ellos el protagonista no iba a morir. Bueno, pues este libro está escrito en primera persona a pesar de que su verdadero protagonista muere. Pax. 12


De repente el invierno se ha convertido en una estación mortal. O quizá uno ve aquello en lo que piensa. Se ha ido una amiga y escritora, Joan Acocella. Fuimos vecinos de cubículo como becarios de la Biblioteca Pública de Nueva York, no olvidaré cómo extendía una alfombrilla con toda la calma y se echaba una siestecita en su pequeño despacho Pax. 83 e 84


Una vez le pregunté a mi madre y a mi padre si éramos pobres. Acabábamos de volver de casa de unos amigos de mis padres, sus hijos y nosotros éramos compañeros de clase. Vivían en un apartamento propio, tenían unos enormes sillones mullidos, en las estanterías de cristal de la biblioteca había un souvenir en forma de góndola veneciana y delante de ella, una postal de esas que cambiaban la imagen dependiendo de cómo la miraras. Mi compañera de clase guardaba bolígrafos en una lata de Coca-Cola vacía y su goma de borrar olía a fresa.No tener nada se volvía vergonzoso sobre todo en comparación con alguien que tenía algo. Pax. 196 


Gospodínov, G. (2025). El jardinero y la muerte. Impedimenta.
Aportado por Anxo

martes, 21 de abril de 2026

Victorian Psycho

 

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La señora Pounds se da unos toquecitos con la servilleta en las comisuras de la boca antes de levantarse de la mesa. Tiene la mirada clavada en el suelo cuando el señor Pounds nos da las buenas noches a las dos y se retira a la biblioteca.

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Después de cenar, en la biblioteca, el señor Pounds me mide la cabeza. Me pasa la yema de los dedos por el cuero cabelludo y manipula un craneómetro de madera y latón.

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"¡Voy!", grita la señora Pounds en el salón, y un sirviente le abre la puerta. "¡Vengo"!, grita el señor Pounds en la biblioteca, y se levanta de su asiento para evitarla.

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Después de cenar nos reunimos en la biblioteca, donde espera la sorpresa de Art Fishal envuelta en gruesas tiras de lino encima de una mesa, de la que han retirado las piezas de ajedrez y ejemplares viejos de Punch.

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Con la corbata de seda al cuello, sudando, el señor Fishal sigue desenvolviendo, y de vez en cuando se desprende un escarabajo azul turquesa, que acaba en el suelo de la biblioteca.

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Salimos de puntillas al pasillo, cruzamos la galería, bajamos la escalera y llegamos a la biblioteca

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Se abre la puerta de la biblioteca y entra una criada cargada con un cubo de carbón. Al vernos acurrucados, da media vuelta sin decir nada y cierra la puerta.

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Tengo en la mano el abrecartas que robé en la biblioteca, y la luz de la luna hace brillar el mango de madreperla. 

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Cuando se levantan todos de la mesa y se dirigen hacia el salón, observo que el señor Pounds se disculpa para ir a buscar algo a la biblioteca. Lo sigo.
En el breve trayecto por el pasillo que conduce a la biblioteca, el señor Pounds va ofreciéndome su esbelta espalda y me doy cuenta de que todavía no ha advertido que camino detrás de él. [...]
-Señor Pounds ´-digo con timidez cuando entro en la biblioteca y cierro la puerta.

VIRGINIA FEITO; Victorian Psycho. Penguin Random House. 2025

Aportado por JMV

lunes, 23 de marzo de 2026

Panthera tigris

 







Sylvain, A.(2024). Panthera tigris. Factoria K de L.
Aportado por Anxo

Todo va a mejorar

 

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La jefatura del Cuerpo Nacional de Vigilantes había escogido como sede un espléndido edificio barroco de principios del siglo XVIII, que desde mediados del XX albergaba un centro cultural que había contenido una biblioteca, el archivo de la villa, un museo de arte contemporáneo y la hemeroteca de Madrid.

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[...] Nos hemos organizado muy bien, en turnos rotatorios, consultando siempre a los viejos del pueblo, que son los que más saben de vivir aquí. Unos días trabajo en el huerto, otros días hago pan, y siempre soy la bibliotecaria. [...]

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-Dentro de un mes les comunicarán que tienen que marcharse del piso tutelado en el que viven. Recurriremos para ganar un poco de tiempo, pero cuando fallen en su contra no podrán volver al centro, ni a la biblioteca, ni a los talleres, nada. Los echarán sin más... [...]

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Camila Alcocer seguía viviendo con Ander Istúriz y trabajando en la biblioteca, en la escuela, en su propio huerto. No necesitaba asumir tantas responsabilidades.


ALMUDENA GRANDES; Todo va a mejorar. TusQuets Editores 2022

Aportado por JMV

martes, 10 de marzo de 2026

El ataque de las cabras

Una noche, mientras cenábamos, la noté rara y le pregunté qué tal había ido el día. Me respondió que no había sido el mejor.

-En diciembre siempre estoy a medias -dijo.
-¿Y eso?
-No sé, las cosas malas siempre me ocurren en diciembre.
-Ah.
-He alquilado una serie en la biblioteca, ¿te apetece verla?
-Si, claro.
-Me la ha recomendado una alumna mía de tu edad.
Entonces se levantó, dejó el huevo frito a medio comer, cogió el bolso, sacó un DVD y tuve ante mis ojos, por primera vez, la carátula de Los Soprano. Pax. 51

Chivite, L.(2025). El ataque de las cabras. Random House.
Aportado por Anxo

jueves, 26 de febrero de 2026