domingo, 9 de agosto de 2026

Netchaiev ha vuelto

pax 73

Fabienne había alquilado el apartamento a un viejecito encantador que era dueño de la mayor parte del edificio, en la esquina de la Rue Furstemberg, y que además poseía la mejor biblioteca de libros ilustrados y de ediciones originales que ella jamás hubiese visto.

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Roger Marroux cogió de su biblioteca un ejemplar de la novela. Se trataba de una edición encuadernada -en la que el título del libro, por cierto, se traducía como Los demonios, lo cual es también habitual- que presentaba la ventaja adicional de contener además los diarios que fue rellenando Dostoievski mientras lo escribía.

pax 99
En el transcurso de los años, Marc había ido consiguiendo reunir una notable biblioteca sobre la Comuna y, más ampliamente, sobre la historia de los movimientos sociales en el siglo XIX.

pax 110
Béatrice se levantó de un brinco, corrió hacia la biblioteca, al fondo de la habitación, y regresó con un diccionario.

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-Una vez, la viuda de Lucien Herr llevó a su hijo menor, a mi amigo, a la biblioteca de la Escuela, en la Rue d'Ulm. Todavía era un chiquillo. Debía tener unos diez años. Le mostró los estantes repletos de miles de libros. "Tu padre leyó todos estos libros", le dijo. "¡Tú harás como él!" ¿Como para traumatizar a un niño, no?

pax 133
Marroux recordó la biblioteca privada de Lucien Herr, que él solía visitar durante la Ocupación, en el edificio de enfrente. Con cuarenta y cinco años de intervalo, ambas habitaciones le habían dado la misma impresión de pensamiento vivo, de creatividad en marcha.

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La pared del fondo del despacho-biblioteca de Elie Silberberg estaba revestida en su mayor parte por un tablero de corcho donde, con chinchetas de todos los colores o con cinta adhesiva transparente había enganchado documentos de todo tipo: [...]

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Pero de repente la puerta de la biblioteca se abrió de par en par. La madre de Elie, Carola Blumstein, entró dando grandes zancadas, presa de agitación, voluble. Una mujer trataba de detenerla, de calmarla.

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Cogió a Fabienne por el codo mientras la llevaba hacia el despacho-biblioteca. En cuanto a Elie Silberberg, se sentía emocionado.

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Al día siguiente, en la biblioteca de Nanterre, Sonsoles le preguntó a un comunista que preparaba la agregaduría trabajando en la mesa contigua lo que pensaba acerca del asesinato del presidente director general de Renault.

JORGE SEMPRÚN; Netchaiev ha vuelto. Tusquets Editores, 1988.

Aportado por JMV

El peso del agua

 pxs 37-38

Hay dos largas mesas en el centro de la sala. El bibliotecario está sentado frente a un escritorio. Me acerco a él, aunque no sé bien qué decir.
-¿Puedo ayudarla? -pregunta él.
[...]
-Bueno... Tenemos los archivos.
-¿Los archivos?
-Sí, los archivos de las islas Shoals -me explica-. La biblioteca municipal nos los mandó hace algunos años.  [...]

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En un lateral hay varios sellos con anotaciones: "Recibido el 4 de septiembre de 1939: Biblioteca de St. Olaf. Recibido el 14 de febrero de 1940, Oslo (enviado por Marit Gullestad). Recibido el 7 de abril de 1942, Biblioteca Municipal de Portsmouth, New Hampshire.

pax 65
En la biblioteca del ateneo, guardo el original y la traducción del testimonio en su carpeta y la apoyo sobre la mesa. No se ve al bibliotecario por ninguna parte. Me pregunto cómo es posible que nadie haya ordenado todo este material. [...]

pax 66
Yo me apresuro a cruzar la calle antes de que me vean. Entro por segunda vez en el ateneo y subo los escalones de dos en dos. Al abrir la puerta de la sala de lectura, veo que la caja sigue donde la dejé. El bibliotecario todavía no ha vuelto. Me acerco a la mesa, saco la carpeta de la caja y me la pongo debajo del brazo.

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-¿Y Rich? -pregunto yo.
-He ido a comprar bogavantes para la cena -se apresura a decir Thomas mientras vuelve a comprobar la hora en su reloj-. Ya debe de estar esperándonos... Pero ¿qué llevas ahí?
-¿Esto? -digo al tiempo que cojo la carpeta-. No es nada. Unos documentos que he sacado de la biblioteca.

pax 71
[...] Rich baja a la sala de máquinas para arreglar la bomba de achique, y yo me siento en la litera de Billie con mis guías y mis anotaciones y la carpeta que me he llevado de la biblioteca. [...]

pax 120
-Esto es un documento original -insiste Thomas con cierta extrañeza-. Me sorprende que te lo dejaran sacar de la biblioteca.
-La verdad es que no me dejaron -confieso tras un incómodo silencio.
-¿Qué?
-Sabía que no me dejarían sacarlo, así que me lo llevé sin preguntar. Lo devolveré en cuanto acabe de leerlo.

pax 234
NUnca devolví el testimonio de Maren Hontvedt a la biblioteca. Nunca mandé las fotos a la revista, aunque mi editor tampoco me las reclamó.

ANITA SHREVE; El peso del agua. Palneta Internacional, 2002

Aportado por JMV

lunes, 20 de julio de 2026

Los jardines del tigre

 

pax 63

En el fondo, se sintió aliviado de que ella no dijera nada más sobre su conversación con Weramunda, y apenas sorprendido de que hubiera ido a la biblioteca de la embajada de Gran Bretaña, [...]

pax 65
Ella guardó silencio y él deslizó la vista a lo largo de los anaqueles de la biblioteca entre las ventanas, el único espacio libre de muebles y marcos en beneficio de los libros.

pax 211
En el interior del edificio principal, dos monjes japoneses iban y venían por los anaqueles de la biblioteca. Nosotros nos habíamos instalado oficialmente en el exterior, sin ponernos de acuerdo, bajo las buganvillas resecas del viejo jardín sin encanto, junto al estanque sin lotos.

MICHEL GRISOLIA; Los jardines del tigre. Editorial Diagonal del Grup 62. 2001
Aportado por JMV

lunes, 29 de junio de 2026

La picadura de abeja

Para empezar, todos los aspectos de la vida en el Trinity College se conocían mediante nombres arcaicos en clave. el bar se llamaba la Despensa, la biblioteca se llamaba la Lecky, el trimestre en el que estaban, el de octubre era el de san Miguel. Pax.373 e 374


La Biblioteca Antigua Está llena de turistas con gorros de pescador y bolsas de la compra con el emblema de la universidad. El pasado en venta. Pax. 393

La primavera anterior, mientras sus compañeros se dedicaban a morrearse en el Peg Woffington y a dormir la mona Dickie se había enclaustrado en la biblioteca para estudiar y sacarse, los Exámenes de Honores. Pax. 397

A los dieciséis años, a Willie lo habían expulsado de la escuela: lo habían pillado mariconeando, dijo misteriosamente. Y ya no había vuelto. Se había dedicado a pasar los días en la biblioteca, leyéndolo todo, le contó, literalmente todo lo que tenían. El corán, la revista Woman´s Own, Robert Ludlum, todo. Pax. 439

Sentarse en la sala de exposición del concesionario, "irse de picnic" juntos en el Passat nuevo, en el Jetta nuevo, leer libros de Mi pequeño pony de la biblioteca, comer galletas Oreo, ver pasar el pueblo al otro lado de la ventanilla. En aquellos momentos no estaba sonámbulo. Todos los placeres que ofrecía la civilización parecían insignificantes en comparación con aquello: estar sentad con su hija en un coche aparcado, sin ir a ninguna parte. Pax. 496

Esta vez el mensaje era real; era para él es decir, para Davi Silva. La respuesta era breve pero generosa. No se consideraba experto, dijo, pero sí que tenía algunos edificios favoritos, de los que le hacía una lista con enlaces. le dijo que visitara también la biblioteca Marsh.¡Disfruta del viaje!. Pax. 508 e 509


Murray, P. (2025). La picadura de abeja. Anagrama.
Aportado por Anxo

martes, 9 de junio de 2026

Lobos en las islas

 pax 121

Quedé solo en la habitación, una biblioteca o estudio, con el médico, que leía sentado en una butaca.

pax 137
¿Dónde estaba el libro? Quintana no estaba muy seguro de si en la biblioteca de la sala, o en el pequeño estante del dormitorio, donde guardaba casi todos los libros de poesía, o a lo mejor no quería saberlo, porque aquel libro era como un pedazo del cuerpo de Pedro, [...]

MARILAR ALEIXANDRE; Lobos en las islas. Editorial Arde, 2022

Aportado por JMV

martes, 26 de mayo de 2026

La ciudad de las luces muertas

 pax 23

Era como si la biblioteca, que tanta compañía le ofrecía en los días grises,que eran casi todos, quisiera brindarle una oportunidad.

pax 24
La biblioteca de Filosofía y Letras tenía dos partes: una visible y otra clandestina. Para acceder a la segunda había que trazar un itinerario que los alumnos más avezados habían aprendido en clase de Literatura.

pax 25
Para salvar los libros de las llamas, los bibliotecarios desafectos al régimen habían escondido los escritos en catalán en las zonas menos transitadas de las bibliotecas, junto a las obras de ideología contraria a la flamante dictadura.

pax 153
Se refugiaron en las zonas más altas de la ciudad, accesibles a pájaros mensajeros y a señales lumínicas: en el interior de las nueve torres que han aparecido en la fábrica textil de la Ciutadella, donde han improvisado una especie de biblioteca debajo de las arcadas; [...]

pax 158
Allí encontró a sus amigos, todos escritores, vaciando un vehículo de libros. Era un bibliobús, una biblioteca pública instalada en un autocar. Había sido creado por el Servicio de Bibliotecas del Frente del Gobierno catalán con la intención de llevar la cultura a los jóvenes soldados [...]



DAVID UCLÉS; La ciudad de las luces muertas. Editorial Planeta, 2026

Aportado por JMV

lunes, 18 de mayo de 2026

Teléfono

 pax 40

Estábamos sentados en la cafetería de detrás de la biblioteca del campus. Los dos teníamos café y yo estaba quitándole las migas sueltas a una magdalena reseca.

pax 180
Nadie ni nada se veía distinto cuando me compré el café en el local anexo a la biblioteca. La mujercilla gordezuela de la caja registradora me preguntó, como siempre, si quería una magdalena o un croissant con el café.

pax 269
Aquel mismo día había pasado por la biblioteca pública de San Antonio. El edificio que la albergaba no era mucho más grande que la biblioteca móvil a donde solía ir en mi vecindario de Chicago cuando era niño. [...]
-Está bien esta biblioteca -le dije.
-Vengo todos los días -dijo.
[...]
-Qué lástima lo de esas pobres mujeres -dije. Moví el monitor para orientarlo más hacia mí.
-¿Cómo? -me preguntó. Y luego, como si acabara de caer en la cuenta- : La muerte llega cuando llega. Se lo digo siempre a mi hija. Tengo noventa y dos años. No me quiero pasar el día sentado en la biblioteca. Supongo que ella prefiere que me muera en la biblioteca antes que en mi cama.

PERCIVAL EVERETT; Teléfono. Ediciones De Conatus, 2026

Aportado por JMV

lunes, 11 de mayo de 2026

Los nombres

 

pax 96

A la mañana siguiente, en la biblioteca  del colegio, Maia escribió la carta  usando varias hojas que había arrancado pulcramente de la parte posterior de su cuaderno de ejercicios.

pax 124
-Y le encantaban los libros. Él no le dejaba tener ninguno, pero le gustaba leerme los míos. Lo hacía todas las noches, antes de que él volviera a casa. Ana de las Tejas Verdes. Mujercitas. Matar a un ruiseñor. Siguió leyéndome, leyéndonos hasta el final. Todo lo que yo sacaba de la biblioteca del colegio.

pax 196
[...] Pero no tiene adónde ir. [...] No puede ir a la biblioteca, donde Gordon suele tomar libros prestados que, a veces, los sábados por la mañana, devuelven juntos.

pax 205
[...] Pero al acabar de ordenar sus pensamientos y los libros de un carrito, queda mirando el techo de cristal de la Biblioteca Nacional de Francia, y su grandeza hace que, a su lado, ella y su decepción parezcan muy pequeñas.

pax 222
[...] A veces, cuando le piden que busque algo en el sistema informático de la biblioteca, las palabras tardan unos segundos en llegar a sus dedos. Los médicos dicen que es normal después de un acontecimiento traumático, pero a ella la desconcierta.

pax 259
[...] que nunca ha tenido un descubierto en el banco, aunque ha acumulado veinte libras de multas en la biblioteca y le da vergüenza entrar a pagarlas; [...]

pax 270
Durante el confinamiento, mientras ella se dedicaba a catalogar los libros electrónicos de la biblioteca, Bear se había ocupado de los estudios de Pearl, y leían sólo por encima las tareas que sus profesores le ponían por internet para centrarse en cuestiones prácticas.

pax 282
[...] ¿Dónde estaba ella entonces? Tal vez caminando por el paseo marítimo, o en la biblioteca. Y había continuado con su vida, ajena a este regalo especial.

pax 285
Los días de colegio son largos y Pearl sale agotada. Lejos de las puertas, le pide a su madre que la lleve a cuestas, e incluso después de un turno en la biblioteca, Lily sube la colina con el cálido cuerpo de su hija sobre la espalda y la fiambrera vacía que le golpea ligeramente el costado.

FLORENCE KNAPP; Los nombres. Salamandra. 2026

Aportado por JMV

martes, 5 de mayo de 2026

Psicopompo

Bastaba con dejar de comer. Dejé de alimentarme. Me costó lo mío. Las primeras semanas, el hambre me obsesionaba. En la biblioteca de mis padres había una novela de Robert Merle titulada La muerte es mi oficio. Aquel título me impactó. Lo leí y, aunque no tenía nada que ver con mis propósitos, me resultó fascinante. Pax. 79

Nothomb, A. (2026). Psicopompo. Anagrama. 

Aportado por Anxo


lunes, 4 de mayo de 2026

El buen padre

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A la semana de abstinencia, y a pesar de que había prometido no acercarse al amigo su primo, Noelia no encontró a nadie mejor con quien seguir practicando y se hizo la encontradiza con él  a la salida del gimnasio municipal, donde Pablo pasaba las tardes convencido de que allí se preparaba mejor para la vida que en la biblioteca, que estaba a escasos cincuenta metros de distancia.

px 88
Cuando entra del patio suele encerrarse en la biblioteca hasta la hora de la cena, alejado de las timbas que se forman en la galería y que por lo general terminan en pelea. Pero ni siquiera en el sitio menos frecuentado de la cárcel puede ocultarse durante demasiado tiempo.

px 89
El rumano suelta una risotada y Gonzalo comprende que no tiene escapatoria. Antes de que pueda responder, un funcionario entra en la biblioteca.

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-Estás ocupada, lo entiendo. No te preocupes, que me voy a estudiar un rato a la biblioteca y me pondré dos pares de calcetines para dormir.

px 292
Su amiga Marta se sentó junto a ella en la biblioteca y la miró con reproche.
-No veas el chorreo que me ha caído por tu culpa, Noe.

px 293
Al salir de la biblioteca, se encontró a Pablo esperándola. Iba vestido de paisano.
-Pablo, ¿qué haces aquí? -preguntó Noelia sorprendida.
-He ido a buscarte a tu clase y un chico me ha dicho que estabas todo el día estudiando en la biblioteca.

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Noelia, por su parte, se propuso recuperar el curso y planeó encerrarse en la biblioteca las semanas que siguieron, aprovechando que a Pablo al fin le habían dado luz verde para pasar unos meses destinado en Mauritania, colaborando con la policía y el ejército local en la lucha contra la inmigración irregular.

SANTIAGO DÍAZ; El buen padre. Penguin Random House Debolsillo. 2024

JMV

lunes, 27 de abril de 2026

El jardinero y la muerte

De niño escogía de la biblioteca solo los libros escritos en primera persona, porque sabía que en ellos el protagonista no iba a morir. Bueno, pues este libro está escrito en primera persona a pesar de que su verdadero protagonista muere. Pax. 12


De repente el invierno se ha convertido en una estación mortal. O quizá uno ve aquello en lo que piensa. Se ha ido una amiga y escritora, Joan Acocella. Fuimos vecinos de cubículo como becarios de la Biblioteca Pública de Nueva York, no olvidaré cómo extendía una alfombrilla con toda la calma y se echaba una siestecita en su pequeño despacho Pax. 83 e 84


Una vez le pregunté a mi madre y a mi padre si éramos pobres. Acabábamos de volver de casa de unos amigos de mis padres, sus hijos y nosotros éramos compañeros de clase. Vivían en un apartamento propio, tenían unos enormes sillones mullidos, en las estanterías de cristal de la biblioteca había un souvenir en forma de góndola veneciana y delante de ella, una postal de esas que cambiaban la imagen dependiendo de cómo la miraras. Mi compañera de clase guardaba bolígrafos en una lata de Coca-Cola vacía y su goma de borrar olía a fresa.No tener nada se volvía vergonzoso sobre todo en comparación con alguien que tenía algo. Pax. 196 


Gospodínov, G. (2025). El jardinero y la muerte. Impedimenta.
Aportado por Anxo

martes, 21 de abril de 2026

Victorian Psycho

 

pax 63

La señora Pounds se da unos toquecitos con la servilleta en las comisuras de la boca antes de levantarse de la mesa. Tiene la mirada clavada en el suelo cuando el señor Pounds nos da las buenas noches a las dos y se retira a la biblioteca.

pax 89
Después de cenar, en la biblioteca, el señor Pounds me mide la cabeza. Me pasa la yema de los dedos por el cuero cabelludo y manipula un craneómetro de madera y latón.

pax 97
"¡Voy!", grita la señora Pounds en el salón, y un sirviente le abre la puerta. "¡Vengo"!, grita el señor Pounds en la biblioteca, y se levanta de su asiento para evitarla.

pax 132
Después de cenar nos reunimos en la biblioteca, donde espera la sorpresa de Art Fishal envuelta en gruesas tiras de lino encima de una mesa, de la que han retirado las piezas de ajedrez y ejemplares viejos de Punch.

pax 134
Con la corbata de seda al cuello, sudando, el señor Fishal sigue desenvolviendo, y de vez en cuando se desprende un escarabajo azul turquesa, que acaba en el suelo de la biblioteca.

pax 136
Salimos de puntillas al pasillo, cruzamos la galería, bajamos la escalera y llegamos a la biblioteca

pax 137
Se abre la puerta de la biblioteca y entra una criada cargada con un cubo de carbón. Al vernos acurrucados, da media vuelta sin decir nada y cierra la puerta.

pax 149
Tengo en la mano el abrecartas que robé en la biblioteca, y la luz de la luna hace brillar el mango de madreperla. 

pax 183
Cuando se levantan todos de la mesa y se dirigen hacia el salón, observo que el señor Pounds se disculpa para ir a buscar algo a la biblioteca. Lo sigo.
En el breve trayecto por el pasillo que conduce a la biblioteca, el señor Pounds va ofreciéndome su esbelta espalda y me doy cuenta de que todavía no ha advertido que camino detrás de él. [...]
-Señor Pounds ´-digo con timidez cuando entro en la biblioteca y cierro la puerta.

VIRGINIA FEITO; Victorian Psycho. Penguin Random House. 2025

Aportado por JMV

lunes, 23 de marzo de 2026

Panthera tigris

 







Sylvain, A.(2024). Panthera tigris. Factoria K de L.
Aportado por Anxo

Todo va a mejorar

 

pax 68

La jefatura del Cuerpo Nacional de Vigilantes había escogido como sede un espléndido edificio barroco de principios del siglo XVIII, que desde mediados del XX albergaba un centro cultural que había contenido una biblioteca, el archivo de la villa, un museo de arte contemporáneo y la hemeroteca de Madrid.

pax 161
[...] Nos hemos organizado muy bien, en turnos rotatorios, consultando siempre a los viejos del pueblo, que son los que más saben de vivir aquí. Unos días trabajo en el huerto, otros días hago pan, y siempre soy la bibliotecaria. [...]

pax 229
-Dentro de un mes les comunicarán que tienen que marcharse del piso tutelado en el que viven. Recurriremos para ganar un poco de tiempo, pero cuando fallen en su contra no podrán volver al centro, ni a la biblioteca, ni a los talleres, nada. Los echarán sin más... [...]

pax 379
Camila Alcocer seguía viviendo con Ander Istúriz y trabajando en la biblioteca, en la escuela, en su propio huerto. No necesitaba asumir tantas responsabilidades.


ALMUDENA GRANDES; Todo va a mejorar. TusQuets Editores 2022

Aportado por JMV

martes, 10 de marzo de 2026

El ataque de las cabras

Una noche, mientras cenábamos, la noté rara y le pregunté qué tal había ido el día. Me respondió que no había sido el mejor.

-En diciembre siempre estoy a medias -dijo.
-¿Y eso?
-No sé, las cosas malas siempre me ocurren en diciembre.
-Ah.
-He alquilado una serie en la biblioteca, ¿te apetece verla?
-Si, claro.
-Me la ha recomendado una alumna mía de tu edad.
Entonces se levantó, dejó el huevo frito a medio comer, cogió el bolso, sacó un DVD y tuve ante mis ojos, por primera vez, la carátula de Los Soprano. Pax. 51

Chivite, L.(2025). El ataque de las cabras. Random House.
Aportado por Anxo

jueves, 26 de febrero de 2026

jueves, 19 de febrero de 2026

Su olor después de la lluvia

 






Munuera, J. L. (2025). Su olor después de la lluvia. Astiberri.

Aportado por Anxo




El comité de la muerte

 

px 98

Cuando pasó a grados superiores, el cuarto y el sexto, resultaba más difícil leer en la escuela porque solía haber siempre algún jaleo, pero para entonces él ya había aprendido a ir a la biblioteca pública y llevaba libros a casa para leer.

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Volvió a la cama, pero toda esperanza de sueño había desaparecido. No conocía la cita. Rindiéndose finalmente, se vistió y fue a la biblioteca del hospital, a ver si la encontraba.

px 206
[...] informaciones sobre el mercado, folletos del Departamento norteamericano de Agricultura, tratados de ventas, memorándums confidenciales, toda una biblioteca azucarera amorosamente reunida para él por tío Erneido.

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[...] compiló largas listas de material básico de investigación, acopió nuevos montones de revistas de la biblioteca y se preparó para nuevas sesiones de lectura intensiva.

px 337
Algunos médicos externos habían telefoneado  para decir que no podían asistir a la Conferencia, lo que les pareció buena noticia hasta que se anunció que la reunión del Comité de la Muerte se realizaría en la biblioteca, donde la cercanía lo haría más penoso, en lugar de en el anfiteatro.

px 381
Rafe se sentó, silencioso y avergonzado, mientras Longwood crucificaba a Spurgeon contra la pared de la biblioteca, [...]

px 416
La mayor parte de los libros eran de medicina, pero también había biografías e historia, una mezcla de título en inglés y español. Muy pocas novelas, excepto una pequeña sección de la biblioteca, que también contenía poesía moderna.

px 422
Después se encaminó hacia la plaza de Copley y se sentó en Biblioteca Pública  de Boston, poniéndose a leer números atrasados de la Saturday Review.

NOAH GORDON; El comité de la muerte. Ediciones B. 1998

Aportado por JMV

miércoles, 11 de febrero de 2026

jueves, 5 de febrero de 2026

Non penses nun elefante rosa


 Empurro a porta da biblioteca e vou ao meu sitio habitual, a cinco mesas de distancia. Son as nove pasadas, pero xa están os de sempre. O tipo de lentes do fondo, sentado de cara á entrada; os tres da esquerda, coas súas calculadoras do tamaño dun ordenador...

... Levo xa tres anos estudando Dereito, os suficientes para aprender dos erros. O primeiro e máis grave, estudar na biblioteca da miña propia facultade. Piseina unha vez e nunca máis. Parecía a fodida Paris Fashion Week e eu non estou disposta a levantarme tre horas antes para maquearme de acordo coa estética dunha puta biblioteca; nin en soños, vamos. A de socioloxía, a dúas facultades de distancia, non ten nada que ver....
... Nesta biblioteca ninguén bisba cun nivel dedecibelios superior ao dunha pluma caendo ao chan, e iso gústame. Nesesítoo, de feito. Pax. 109

Intento centrarme no concepto de propiedade intelectual, teño exame en dous días. Cinco minutos, me dura. Levanto a cabeza e paseo a mirada pola biblioteca de Socioloxía. Menos mal que aquí non hai distraccións, que se chega a habelas... Fíxome no tipo do fondo, o das lentes, que senta cara a min. Eu sempre me poño de costas á entrada da biblioteca para non despistarme observando quen vai e quen vén. O cal é unha estupidez, porque cada vez que oio a porta xírome para ver quen entra. O mozo ese non, el está ao seu, coa cabeza nos papeis, sempre ocupado. Sempre e está na biblioteca cando chego e sempre queda cando marcho. Que pasa, non ten vida ou que?
O son dun móbil rompe o silencio do lugar e levo as mans á vibración do peto do meu vaqueiro. Os catro gatos da bibliotca xíranse cara min e obsérvanme de malas maneiras, incluído o das lentes. Cagondiós. Pax. 110

Merda Xa. Para isto me fai quedar fatal diante de toda a xente da biblioteca? Estaba claro que Tamara non tiña pinta de ir a mellor, toda a noite no baño. Pax. 111

É porque  ao conxunto da biblioteca fáltalle algo sen el no seu sitio de sempre. É coma se me quitasen o texto ap pé da ventá, ou como se me movesen a distribución das mesas. Pax. 113

Na biblioteca, neses dez minutos durante os que estivemos bisbando mentres os da calculadora de cinco quilos nos miraban mal, decateime de que non aturaba que el tivese a razón. Pax. 117

Non tardamos en volver á biblioteca a estudar, pero á hora de xantar collemos uns bocadillos e comémolos xuntos, e á noitiña cando me dispoño a volver á casa, Xoan acompáñame e baixamos xuntos no bus. Pax. 118

Dous bicos e de volta ao estudo. Ficamos sós na cociña. Semella nervioso. Eu tamén. Por que? Estivemos sós toda a tarde, a que vén isto agora? "Nunha casa hai camas", non podo evitar pensar. Na biblioteca, na cafetería, no bus, aí é dificil poñerse a foder. Aquí somos nós quen poñemos os límites. Eu, neste caso. Pax. 137

-E logo todas esas caixas?
-Libros que aínda non coloquei.
Mirounas coma se aquilo fose o paraiso. Sei que sorrín, porque eu sentía o mesmo de pequena cando ía a unha libraría.
-O primeiro que fixen ao chegar aquí foi ir apuntarme á biblioteca -dixo-. Oxalá tivese na casa tantos libros coma ti... Pax. 149

Hai  xa máis dun mes daquela noite funesta na súa casa, cando marchei sen despedirme. Lembro a arroutada do día seguinte, cando decidín que era mellor non volver estudar na biblioteca de Socioloxía. Pax. 156

Co ben que estaba eu antes, estudando alí mentres aquel mozo de lentes e nariz grande tan só era parte da decoración da biblioteca. Non, se aquí había un culpable da situación ese era Xoán. Porque, claro, había unha situación. E unha moi incómoda. Pero eu non tiña culpa ningunha, así que ao final esa mañá levanteime algo máis tarde do habitual, por motivos obvios, e fun á biblioteca coma sempre. E cando cheguei, era el o que non estaba.
Avanzo, paso, paso, cóbado no costado desta estúpida que me empurra, paso. Non apareceu na biblioteca, o moi cabrón!!! Pero nin ese día, nin o seguinte, nin os que viñeron despois. Pax. 157

-Estás tola -dime Xoán, rindo tamén, cando chegamos ás escaleiras do paseo marítimo.
Senta alí, Eu, por motivos obvios, non podo. Faime graza iso de "estás tola".
-Eu? Tola? Foi falar un tío que pide post-its nas bibliotecas e logo di que me ten medo.
Crin que estaba sendo graciosa, pero a Xoán o riso córtaselle de inmediato e mírame, serio. Pax. 159

-Podemos colocalos? -pregunta entón, mirándome ilusionado.
Podemos? Miro a libraría, esa libraría que me valeu un ril e medio, á medida e en madeira da boa. Lembro o ben que me sentín pagándoa. Toda a vida desexando ter unha biblioteca propia, para agora deixar os libros nas caixas, Aurora. Xa de nena almacenaba os libros no meu cuarto, coma se fosen un tesouro, pero aquilo non era unha verdadeira biblioteca. Unha biblioteca non ten unha cama, nin tampouco un armario. A miña propia biblioteca, un soño conseguido. Pax. 281

Non o noto triste, simplemente abre a boca e pronuncia as palabras, coma se disexe "hoxe é sábado" ou "chámome Brais". Entón por que me poño triste? non sei cal é a mellor resposta nesstes casos. Regalarlle un? E se a nai o toma a mal? Co especialiña que é... Foi falar.
-Cando eu era pequena ía moito á biblioteca - remato dicindo.
-Mamá non me deixa ir só e ultimaménte traballa todo o día, así que non me leva nunca.
Súa nai. Aurora, non penses... NON PENSO!. Pax. 283

Entro sen pensar, non quero pensar. Prendo a luz. Unha bombilla cotrosa colga do teito, alumenado o alí hai. O primeiro que vexo son os libros. Libros por todos ladas, no chan, nos estantes que antes deberon ter produtos de limpeza. Case todos son moi grandes e gordos. Achégome. Achégome. Enciclopedias. No chan, un vurullo de mantas noxentas. Sería aí onde cagou Aurin? Lembro o que dixo Brais, iso de que encantaba a biblioteca. Como miraba as miñas caixas cheas de libros, con esa adoración nos ollos, igual ca min de nena. Por sio hai xente que tira os libros ao lixo, soa a súa voz na miña cabeza. As bibliotecas non teñen sitio infinito e o primeiro que tiran son as enciclopedias. Pax. 394

Yañez, A. (2023). Non penses nun elefante rosa. Xerais.

Aportado por Anxo